La playa del Trampolín en Ceuta, España, ha experimentado una transformación drástica en los últimos días, convirtiéndose en un improvisado asentamiento para aproximadamente 1.500 migrantes. Lo que comenzó como una decena de refugios precarios, ahora es un extenso campamento de más de 80 chozas construidas con materiales improvisados sobre la arena. Esta situación surge a raíz de la masiva llegada de personas desde el 30 de julio, que dejó al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) sin capacidad para albergar a todos.
Las primeras estructuras surgieron como una respuesta de emergencia para aquellos que no encontraron lugar en el centro de acogida. Sin embargo, con el paso de los días, el asentamiento creció y adquirió una apariencia más permanente. Las chozas, hechas con cañas, ramas, plásticos y cartones, se multiplican en el arenal, adaptándose a una estancia que se prolonga más de lo esperado. Algunas son pequeñas para cuatro personas, otras más grandes para hasta quince, reflejando la organización espontánea de la vida en el lugar.
Alrededor de estas construcciones se acumulan pertenencias personales, evidenciando que el lugar, inicialmente pensado para una noche, se ha vuelto un espacio para dormir, descansar y esperar. La población es diversa, predominando personas de origen subsahariano y marroquí, aunque también hay yemeníes, argelinos y tunecinos. Para atender las necesidades básicas, se han instalado baños, duchas, puntos de agua e iluminación. La Cruz Roja distribuye alimentos y brinda asistencia sanitaria, mientras la policía mantiene la vigilancia. Incluso, un grupo de 150 sudaneses se ha organizado voluntariamente para limpiar la playa.
La precariedad de este campamento improvisado generó una concentración espontánea de unos 200 migrantes el pasado domingo, quienes reclamaron su derecho de asilo con gritos y carteles. Esta protesta subraya la urgencia de su situación. Desde el ámbito sanitario, la ministra de Sanidad española, Mónica García, ha exigido a Ceuta habilitar más espacios adecuados para alojar y atender a estas personas, señalando que esta es una de las principales emergencias actuales.
García enfatizó que contar con lugares salubres y seguros es crucial para mejorar la atención médica, realizar diagnósticos tempranos y prevenir brotes de enfermedades. Si bien el riesgo epidemiológico para la población ceutí es bajo, las condiciones de hacinamiento representan un riesgo moderado para los propios migrantes. La ministra destacó que «los migrantes no traen enfermedades», sino que las condiciones insalubres pueden favorecer su aparición. El sistema sanitario de Ceuta ha asistido a unos 5.800 migrantes en los últimos 15 días, y la Cruz Roja ha brindado más de 2.500 atenciones en la playa, demostrando un esfuerzo considerable aunque el sistema esté «tensionado».
Fuente original: Infobae

