Adquirir una vivienda es una de las decisiones más importantes en la vida, y muchas veces, los meses de buen clima pueden ser engañosos. Problemas estructurales como la humedad pueden pasar desapercibidos cuando el sol brilla, revelándose de forma abrupta con la llegada del otoño y las lluvias. Por eso, más allá de la estética y la pintura, es fundamental estar atento a las señales que podrían indicar problemas ocultos.

El arquitecto Juan Goñi, conocido por sus consejos en redes sociales, advierte sobre una situación recurrente: el comprador que se enamora de una casa con «olor a recién pintado» en verano, y recién en noviembre, con las primeras lluvias, descubre un serio problema de humedad. Goñi señala que hay una alta probabilidad de que una de cada cuatro viviendas con pintura reciente oculte este tipo de inconvenientes. La pintura, en estos casos, actúa como un velo temporal que disfraza una falencia mayor.

Pero la pintura fresca no es la única señal de alerta. Hay otros indicios que pueden delatar la presencia de humedad, incluso si se intentó ocultar. Manchas, descascaramiento de la pintura, cambios en la textura de las paredes, abombamientos o la aparición de moho son claros síntomas que deben ser revisados con lupa. Es crucial prestar especial atención a paredes exteriores, encuentros con ventanas, techos y zonas cercanas a instalaciones de agua. Una inspección exhaustiva, idealmente en diferentes condiciones climáticas, puede ofrecer una visión más completa que una visita aislada.

Desde el punto de vista legal, ocultar una humedad preexistente mediante pintura se considera un «vicio oculto». En Argentina, el Código Civil y Comercial de la Nación establece que el vendedor es responsable por los defectos ocultos de la cosa vendida, que la hagan impropia para su destino o disminuyan su utilidad a tal extremo que, de haberlos conocido, el comprador no la habría adquirido o habría pagado un precio menor. Si el comprador logra demostrar que el vendedor conocía el defecto y lo ocultó, puede iniciar acciones legales. Sin embargo, la prueba suele ser el mayor desafío, ya que es difícil determinar la fecha exacta de la aplicación de la pintura o la aparición del problema.

Para protegerse, es vital conservar toda la documentación posible: fotografías del estado de la vivienda antes de la compra, anuncios, comunicaciones con el vendedor y cualquier informe técnico. Además, antes de firmar cualquier compromiso, se recomienda realizar una revisión técnica independiente. Esta evaluación profesional no solo puede detectar indicios que una visita superficial no permite apreciar, sino que también deja constancia documental del estado real del inmueble. Como resume el arquitecto Goñi, «una mano de pintura durante una visita te aguanta eso, un mes, pero la humedad que está tapando, pues te dura toda la vida».

Fuente original: Infobae