Washington se encuentra consternado tras confirmarse el fallecimiento del senador estadounidense Lindsey Graham a los 71 años, a causa de una repentina y breve enfermedad. La noticia, difundida por su oficina a través de un comunicado en redes sociales, marca la pérdida de una figura central en el Partido Republicano y uno de los más férreos aliados del expresidente Donald Trump.

Graham, representante de Carolina del Sur, fue elegido al Senado en 2002 y se preparaba para buscar un quinto mandato, habiendo ganado las primarias de su partido en junio con el respaldo explícito de Trump. La estrecha relación entre ambos líderes era un secreto a voces, con el expresidente destacando en su plataforma Truth Social la lealtad y amistad que los unía, especialmente en un momento de cuestionamientos internos sobre la política exterior.

A lo largo de su carrera, Lindsey Graham se destacó por sus posturas de línea dura en política exterior. Como miembro de la Cámara de Representantes en los años 90 y luego como senador, abogó por políticas de aislamiento contra Irán, respaldó la intervención militar en Irak y mantuvo una firme alianza con Israel. Su influencia fue tal que, incluso sin formar parte formalmente de la administración Trump, actuó como un asesor clave en temas sensibles como Irán y Rusia.

El deceso de Graham, quien presidía el Comité Presupuestario del Senado, no solo representa un golpe para el sector neoconservador del Partido Republicano, sino que también genera incertidumbre sobre el delicado equilibrio de fuerzas en la cámara alta, donde los republicanos ostentan una mayoría ajustada. Este acontecimiento se suma a la creciente preocupación por la falta de transparencia en torno a la salud de los legisladores estadounidenses.

Fuente original: Infobae