En un mundo donde las tendencias de moda masculina apuntan hacia una sastrería más relajada y las pasarelas muestran estilos cada vez más informales, la realidad en muchos entornos laborales y políticos choca con esta evolución. A pesar de las olas de calor que azotan distintas regiones, la flexibilidad en el vestuario no siempre es bien recibida, generando un interesante debate sobre la formalidad en la indumentaria profesional.
Mientras que en sectores creativos como agencias de publicidad, diseño o moda, la informalidad es la norma y el estilo personal es un activo, en muchas otras profesiones la vestimenta formal sigue siendo un requisito ineludible. Un ejecutivo de una importante empresa tecnológica internacional, por ejemplo, reveló que si bien no suelen usar traje a diario, prendas como bermudas, jeans o remeras están estrictamente prohibidas. La balanza se inclina hacia pantalones tipo chino y camisas, aunque en verano «se haga la vista gorda» con ciertos textiles.
Curiosamente, esta rigidez parece ser más laxa para las mujeres. La dificultad para establecer límites claros hace que sea más común ver a empleadas con tirantes, faldas o sandalias durante los meses de calor, buscando prendas ligeras que, a veces, generan roces con la temperatura del aire acondicionado. Esta disparidad pone de manifiesto una doble vara en la aplicación de los códigos de vestimenta en el ámbito corporativo.
La resistencia al cambio no es exclusiva del ámbito empresarial. Figuras políticas de diversas latitudes también han intentado desafiar el tradicional atuendo de traje y corbata, aunque con resultados mixtos. Recordamos al exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, quien en 2015 se presentó sin corbata a una reunión oficial, argumentando jocosamente que era «el ministro de finanzas de un país en bancarrota». Más recientemente, diputados de la Asamblea Nacional francesa y el propio presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, optaron por prescindir de la corbata en medio de olas de calor, generando debate y alguna que otra reprimenda por parte de sus colegas.
Incluso en ambientes tan formales como los despachos legales o los juzgados, donde el «business casual» ha ganado terreno, los límites son claros. Un fiscalista consultado señaló que, si bien la vestimenta se ha distendido, «somos abogados» y se mantiene un «orden» en la elección de prendas. Esto significa que, aunque la corbata sea menos frecuente, los jeans, bermudas o zapatillas deportivas siguen siendo impensables. El decoro sigue siendo una condición «sine qua non» en muchos ámbitos profesionales, demostrando que la moda de pasarela aún tiene un largo camino por recorrer antes de conquistar por completo la oficina y el parlamento.
Fuente original: Infobae

