Un grupo de agentes de la Policía Nacional de España, identificados como parte del colectivo LGTBI+, lleva doce años trabajando incansablemente para promover la diversidad y la sensibilización dentro de la institución. Begoña, Elena y Rufino son los rostros visibles de esta iniciativa que, si bien ha logrado importantes avances, reconoce que aún queda mucho camino por recorrer en la interna de la fuerza, donde “todavía está la casa sin barrer”.
La génesis de esta asociación, LGTBIPol, se remonta a la experiencia de un compañero que, siendo parte del colectivo, temía denunciar un caso de violencia intragénero por las posibles repercusiones dentro de la Policía. Este hecho alarmante llevó a sus fundadores a comprender que, si un agente sentía miedo, la situación para cualquier ciudadano LGTBI+ sería aún más compleja. La presidenta de la asociación, Begoña Gallego, subraya que LGTBIPol no solo busca influir en la Policía, sino también ayudar a la sociedad a perder el temor a la labor policial.
Gallego, con 24 años de servicio, se desempeña actualmente en Participación Ciudadana y considera la asociación un puente vital entre la sociedad y la institución. Su objetivo es generar conciencia, visibilidad y, fundamentalmente, formar a sus colegas en temas de diversidad sexual y delitos de odio. A pesar de que el uniforme puede generar distancia, Begoña porta con orgullo una bandera LGTBI+ en su muñeca, buscando ofrecer un mensaje de tranquilidad y cercanía a las víctimas.
Sin embargo, los desafíos persisten. Elena Sánchez, otra de las agentes involucradas, advierte que la formación impartida no siempre llega a quienes están en la calle, en contacto directo con la ciudadanía. Señala que, aunque la Policía evoluciona, la teoría no siempre se traduce en la práctica. La polarización social también ha permeado las comisarías, dificultando que algunos agentes separen las personas de las ideologías. Además, el carácter históricamente masculinizado de la profesión crea un ambiente donde los hombres homosexuales, especialmente en unidades operativas, pueden sentirse fuera de lugar.
Rufino Arco, un agente con 18 años de carrera, comparte la visión de que la masculinidad hegemónica es una constante en la fuerza, pero enfatiza que la capacidad de un buen policía no depende de su físico. Los principales retos que vislumbra incluyen la implementación efectiva de protocolos contra delitos de odio, que llevan años “en un cajón”, y la integración de personas trans en el Cuerpo. En última instancia, el deseo de los fundadores de LGTBIPol es que la asociación deje de ser necesaria, un signo de que la Policía ha alcanzado una autonomía plena en la defensa de los derechos LGTBI+.
Fuente original: Infobae
