El River Plate que hoy se ilusiona con el título del Torneo Apertura no es el mismo que hace dos semanas estuvo a un minuto y un penal de ser eliminado por San Lorenzo en el Monumental. Dos victorias consecutivas frente a Gimnasia y Rosario Central le devolvieron la confianza a un plantel que, apenas días atrás, fue abucheado por su propia afición.
El revés en Venezuela contra Carabobo, donde Maximiliano Salas marcó el gol decisivo en el minuto final, fue el primer impulso que marcó el rumbo. Aunque el equipo había perdido en la última fecha de la fase regular frente a Atlético Tucumán, el técnico Eduardo Coudet y el plantel sintieron que la actitud de lucha no se había perdido.
La remontada contra San Lorenzo y la victoria en Venezuela fortalecieron la autoestima del equipo. Aunque no hay estrellas individuales destacadas fuera de Juan Fernando Quintero, la actitud colectiva cambió: el carácter se hizo más firme y la presión sobre los rivales fue constante. Esta transformación permitió a River desbloquear su potencial y acercarse al título.
Coudet, quien reemplazó a Marcelo Gallardo, no ha priorizado ideas técnicas complejas, sino un mensaje motivador que parece haber impactado a los jugadores. Aunque el equipo no juega con la elegancia de antes, la intensidad y la determinación han sido claves para superar momentos críticos.
Con la mira puesta en el partido contra Belgrano, el River Plate vuelve a creer en lo imposible. La historia del club está escrita con victorias que parecían imposibles, y ahora, millones de hinchas sienten que el título está al alcance de la mano. Solo queda demostrarlo en los 90 minutos que restan.

