Corría el 25 de abril de 1990 cuando Daniel Ortega, por entonces líder de Nicaragua, se vio en la obligación de ceder la presidencia a Violeta Barrios de Chamorro. Este traspaso de mando marcó un antes y un después en la historia reciente del país centroamericano, ya que significó el primer relevo en la jefatura de Estado desde el triunfo del sandinismo. La derrota electoral de Ortega abrió paso a un gobierno de transición que debió lidiar con una profunda crisis económica, los resabios de la guerra y un pacto de gobernabilidad.
La contundencia de los comicios del 25 de febrero de 1990 sorprendió a muchos. La Unión Nacional Opositora (UNO), encabezada por Chamorro, se impuso con un notable 54% de los votos, alcanzando 777.522 sufragios. Por su parte, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Ortega obtuvo el 40%, con 579.886 votos. Lo llamativo fue que casi todas las encuestas preveían una victoria sandinista. Solo una acertó el resultado, al emplear una técnica innovadora para detectar el ‘voto oculto’ de aquellos sandinistas que, en busca de la paz, estaban dispuestos a apoyar a la UNO en secreto.
Violeta Barrios de Chamorro no solo se convirtió en la primera mujer en asumir la presidencia de un país americano por elección popular, sino que su gestión de siete años estuvo plagada de tensiones políticas y una situación socioeconómica crítica. Heredó una nación devastada por una década de bloqueo comercial impuesto por Estados Unidos, los estragos de la guerra civil y las fallas de la administración sandinista. Para 1990, la economía nicaragüense mostraba un deterioro extremo: el PBI había mermado un quinto desde 1984 y la inflación anual se disparaba a un alarmante 3.000%.
Para asegurar una mínima gobernabilidad, un mes antes de la asunción, Chamorro y Ortega firmaron el Protocolo de Transición del Poder Ejecutivo. Sin embargo, las fricciones no tardaron en aparecer. Una de las primeras fue la aprobación, por parte de los diputados de la UNO, de una ley de amnistía para exguardias somocistas. Este episodio fue un anticipo de las constantes disputas entre la nueva presidenta y la poderosa estructura política y sindical que el sandinismo aún mantenía. Chamorro intentó revertir medidas del gobierno anterior, como la reforma agraria y la estatalización de empresas, pero la fuerte resistencia sandinista la obligó a dar marcha atrás en varias de sus decisiones, dejándola en una posición delicada frente a los sectores más conservadores de su propia coalición.
Años más tarde, en 2018, Chamorro sufrió un accidente cerebrovascular. Finalmente, el 14 de junio de 2025, falleció en San José, Costa Rica, donde su familia había residido en condición de exilio desde 2023. Su legado, como pionera en la política latinoamericana y figura central en la transición nicaragüense, perdura en la memoria de la región.
Fuente original: Infobae

