Javier Milei, el presidente argentino, viajó por cuarta vez a Estados Unidos en 2026, sumando 16 viajes internacionales desde el inicio de su mandato. Según el informe del diputado Manuel Adorni, el Estado argentino gastó $4.700 millones en traslados del mandatario y su equipo, con un promedio de 116 días al año fuera del país. La mayor parte de los gastos se concentró en eventos como la conferencia del Instituto Milken, donde participaron figuras como Michael Milken, el ex «Rey de los bonos basura», y el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, indultado por Donald Trump.
El viaje a Miami en marzo de 2026, donde Milei recibió el «Economic Freedom Award», generó controversia por los gastos de $85.6 millones y las acusaciones de que Adorni cobraba por reuniones no oficiales. Además, audios filtrados sugieren que Milei financió una campaña mediática contra gobiernos de América Latina desde EE.UU., según la investigación de Diario Red y Hondurasgate.
La ausencia del presidente en provincias argentinas como Chubut, Jujuy o Misiones contrasta con sus 37 viajes internacionales. Milei visitó ciudades como Washington, Nueva York y Miami con mayor frecuencia que Córdoba, la provincia más frecuentada por él. Mientras tanto, figuras como el exsecretario de Estado Mike Pompeo y el director del OIEA Rafael Grossi asistieron a la conferencia del Instituto Milken, donde también participó el presidente hondureño Nasry Asfura.
La polémica se agrava con la duplicación del presupuesto para viajes internacionales en 2026, según datos del Presupuesto Abierto. El diputado Marcela Pagano denunció que Adorni «ponía precio a reuniones presidenciales», lo que ha alimentado críticas sobre la transparencia de los gastos. Mientras Milei se reúne con líderes globales, su ausencia en el interior del país y las investigaciones sobre su gestión generan dudas sobre su capacidad de liderazgo.
El caso de Milei plantea preguntas sobre el equilibrio entre la diplomacia internacional y la atención a las necesidades locales. Mientras el presidente fortalece vínculos con figuras como Milken y Trump, su distanciamiento de las provincias argentinas y los escándalos financieros marcan un debate sobre la legitimidad de su estilo de gobierno.

