Los mercados globales enfrentan una situación de alta volatilidad, influenciados por fuerzas opuestas: el alza del petróleo, riesgos geopolíticos y la incertidumbre económica, en contraste con el optimismo de las empresas tecnológicas y la IA. Esta dinámica ha generado una ruptura en las correlaciones habituales entre activos, dejando a los inversores con señales contradictorias sobre crecimiento, inflación y políticas económicas.
En Argentina, el clima de aversión al riesgo se intensifica debido a la persistencia de tensiones geopolíticas, la inflación y la crisis de suministro. Los gestores de activos inician reequilibrios de carteras sin un tema claro, mientras el dólar se fortalece y el riesgo país mantiene niveles elevados. El Fondo Monetario Internacional (FMI) exige a Argentina acumular 8.000 millones de dólares en reservas, presionando al gobierno para ajustes fiscales.
La morosidad crediticia en la Región Metropolitana de Buenos Aires (GBA) alcanza 18,4%, un salto alarmante frente a 2024, afectando sectores clave como la industria textil, hoteles y transporte. Este fenómeno, combinado con la caída de la confianza en el gobierno y la estabilidad de salarios reales, profundiza la incertidumbre sobre el futuro económico del país.
A nivel financiero, se observa un desarme parcial del «carry» en instrumentos como LECAP y bonos indexados al CER, aprovechando asimetrías en tasas y expectativas inflacionarias. Sin embargo, el mercado local sigue pendiente de señales de financiamiento externo y ajustes en políticas económicas para reducir la prima de riesgo país.
La combinación de factores geopolíticos, inflación persistente y desafíos internos en Argentina plantea un escenario complejo para los próximos años. Mientras los mercados globales buscan equilibrio entre riesgos y oportunidades, el país enfrenta el reto de reconciliar políticas económicas con la necesidad de estabilidad financiera y social.

