Losojos de Linda Rodríguez parecen haberse secadohace mes y medio cuandosu único hijo, Emmanuel Abraham Rodríguez,cumplió su promesa: “Mamá, yo me quiero borrar”.
Su mirada parece perderseentre la serenidad,mientras habla de Emmanuel Abraham, como aún llama al hijoaficionado a los idiomas, interesado en la medicina, quienno resistiólosdardos envenenadosque elacoso escolar va dejando,y no precisamente en la piel.
“Mamá, yo me quiero borrar”, lerepetía. Y fuedesde la Premedia, allá en la provincia de Veraguas, cuando a Emmanuel Abrahamelbullying lo despersonalizó.Su pecado:tener acné, y por eso le decían feo,contó su madre.
Y era tan grande eldeseo por escapar de las burlas, que al jovenno le bastócon ponersábanas en las ventanas de su casa“paraque nadie lo viera”, por lo queun día decidió irse,acabarcon susufrimiento. Yase le había adelantado Bodoco Jaramillo,unniño de 14 años.
Bodocotenía un diagnóstico deautismo funcional, eratalentoso en el baloncesto y voleibol, habíaganado una beca
Fuente original: Infobae

