El libro The Technological Republic, escrito por Alexander C. Karp, director ejecutivo de Palantir, presenta una crítica a Silicon Valley y propone una alianza entre el Estado y las empresas tecnológicas para enfrentar a China. Sin embargo, detrás de su discurso geopolítico se esconde una genealogía ideológica que conecta con corrientes como la Ilustración Oscura, influenciada por pensadores como Carl Schmitt y Friedrich Nietzsche.
Karp describe a Silicon Valley como un lugar que ha abandonado su vocación de construir proyectos nacionales, optando por aplicaciones de consumo. Su propuesta, una república tecnológica, parece inspirada en la visión de Curtis Yarvin, quien defiende un modelo de gestión corporativa en lugar de la democracia. El filósofo Peter Thiel, cofundador de Palantir, respaldó ideas similares, afirmando que la libertad y la democracia no son compatibles.
El análisis del libro revela que su lenguaje político se asemeja al de Carl Schmitt, quien definía la política como la distinción entre amigo y enemigo. Karp no menciona a Schmitt, pero su enfoque en identificar a China como enemigo y en delegar decisiones a una élite técnica refleja esta filosofía. Además, la crítica a Silicon Valley como «último hombre» nietzscheano resalta una retórica aristocrática que exalta el poder sobre la democracia.
La teología judía, en la que Karp fue educado, también deja huella en su libro. El software de Palantir se presenta como un «lenguaje de creación» que ordena el caos, una metáfora que recuerda al Verbo divino en el Génesis. Sin embargo, esta visión secularizada justifica una nación en constante estado de guerra, eximiendo a la élite de participar en una «religión civil» para el pueblo común.
El libro ha sido acogido por sectores de la derecha estadounidense, pero su crítica a la decadencia occidental se contradice con su propio nihilismo. Al instrumentalizar la fe sin sentirla y exigir sacrificios sin compartir una trascendencia, Karp describe una república donde la democracia es un estorbo y los ciudadanos son datos a procesar. La advertencia más grave no está en sus ideas, sino en la traición silenciosa de quienes, al defender la democracia, la vacían de sentido.

