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La odisea de un argentino en Yemen: El país donde la guerra y la hospitalidad se entrelazan

31/07/2026 3 min de lectura Por Redacción
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Nicolás Pasquali, el primer argentino en recorrer todos los países del mundo, compartió su impactante testimonio sobre su visita a Yemen, una nación catalogada por expertos como la más peligrosa del planeta. Lejos de ser una aventura turística convencional, la experiencia de Pasquali estuvo marcada por la tensión constante, la pobreza extrema y una guerra civil que atraviesa cada aspecto de la vida cotidiana, donde los civiles armados y los conflictos entre pueblos son una realidad ineludible.

El conflicto yemení, que se desató en 2014, enfrenta al movimiento hutí, respaldado por Irán, contra el gobierno reconocido internacionalmente y una coalición liderada por Arabia Saudí. Esta prolongada guerra ha sumido al país en una de las peores crisis humanitarias globales, con una devastación que asombra incluso a quienes han presenciado otros escenarios bélicos. Pasquali describió un paisaje desolador donde la belleza natural de los acantilados del Mar Rojo convive con pueblos completamente destruidos por los bombardeos.

La travesía de Pasquali comenzó en Omán, donde tuvo que sortear un exhaustivo interrogatorio de las autoridades, quienes no comprendían su deseo de ingresar voluntariamente a una zona de guerra. La obtención de la visa fue un episodio surrealista: sin sistemas formales, un intermediario logró un sello en su pasaporte tras una breve charla con un policía en una garita improvisada. Una vez dentro, la realidad se impuso con la presencia de controles militares cada pocas horas, que no solo buscaban combatir el terrorismo, sino también prevenir enfrentamientos entre comunidades por disputas menores que pueden escalar rápidamente.

Durante su estadía de tres días, el viajero argentino fue testigo de una existencia precaria: la ausencia de servicios básicos, la falta de infraestructura turística y la constante amenaza de disparos y enfrentamientos nocturnos. Quedar atrapado entre dos focos de conflicto locales, con el camino bloqueado tanto hacia adelante como hacia atrás, fue uno de los momentos más críticos, evidenciando la fragilidad de cualquier desplazamiento. La imposibilidad de visitar Saná, la histórica capital controlada por los hutíes, por motivos de seguridad, subrayó el aislamiento y la fragmentación del país.

Sin embargo, en medio de la desolación, Pasquali encontró una paradoja conmovedora: la profunda hospitalidad del pueblo yemení. A pesar de la extrema pobreza y la violencia, familias que apenas tenían recursos compartieron su comida, techo y tiempo con el viajero extranjero, una tradición arraigada en la cultura beduina y en las enseñanzas del Corán. Esta dualidad, donde la solidaridad resiste en medio de la destrucción y un té puede compartirse a pocos kilómetros de un tiroteo, resume la compleja realidad de Yemen, un lugar donde la incertidumbre es la única constante y la seguridad personal es prácticamente inexistente.

Fuente original: Infobae