Las intensas precipitaciones que comenzaron el viernes en el noreste de Brasil causaron deslizamientos de tierra e inundaciones en ocho municipios, principalmente en la región metropolitana de Recife y en zonas rurales cercanas. Cerca de 2.200 personas tuvieron que abandonar sus hogares, según informes del Gobierno regional. La emergencia se declaró oficialmente en los municipios afectados, incluyendo Olinda y la región metropolitana de Recife, donde dos mujeres y sus hijos menores de edad perdieron la vida.
Imágenes compartidas en redes sociales mostraron calles convertidas en ríos, viviendas derrumbadas y familias varadas en techos esperando rescate. El cuerpo de bomberos rescató a 525 personas utilizando 26 botes de salvamento, según un comunicado del Gobierno. La Defensa Civil de Pernambuco reportó 422 personas sin hogar, más de mil desplazadas y 342 rescatadas en las zonas afectadas.
Las lluvias en el noreste se suman a los aguaceros devastadores de febrero de 2026 en Minas Gerais, donde al menos 66 personas murieron y tres desaparecieron. En aquella ocasión, Juiz de Fora acumuló 584 milímetros de lluvia en un mes, el doble del promedio histórico, obligando a evacuar a miles de familias.
El noreste de Brasil, históricamente vulnerable a fenómenos climáticos extremos, enfrenta ahora un patrón de lluvias intensas que superan la capacidad de infraestructura local. La región, que durante décadas sufrió sequías prolongadas, ahora vive un cambio abrupto hacia eventos climáticos extremos, según expertos.
La recurrencia de estas catástrofes ha convertido la gestión del riesgo climático en un tema prioritario para el gobierno de Lula da Silva. La presión de comunidades afectadas y organismos internacionales exige un modelo de desarrollo más resiliente, capaz de enfrentar los desafíos de un clima cada vez más inestable.

