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Jueves 5 de noviembre de 2026
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Gabriel Rolón desentraña la felicidad: «La plenitud es imperfecta y convive con el dolor»

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El reconocido psicoanalista y escritor Gabriel Rolón compartió en una entrevista con LN+ sus profundas reflexiones sobre los complejos mecanismos de la psiquis humana en la búsqueda de la felicidad y la construcción de la plenitud. Según Rolón, la verdadera dicha emerge en esos momentos irrepetibles donde nuestro pasado, nuestros anhelos futuros y hasta nuestros temores coexisten en el presente.

El especialista explicó que estos instantes de felicidad son aquellos en los que uno no desea estar en ningún otro lugar ni haciendo otra cosa más que lo que se está viviendo. Es en esa fusión de tiempos y emociones que el individuo es capaz de construir un espacio interno propicio para albergar alguna forma de bienestar.

En otro tramo de la conversación, Rolón abordó el tema de los afectos y la gestión de la vulnerabilidad compartida en las relaciones. Subrayó que amar a alguien implica otorgarle un poder significativo sobre uno mismo. Este proceso se da a través del intercambio íntimo de vivencias, confesiones sobre dolores, miedos y situaciones vergonzosas que solo se comparten con el círculo más cercano. Sin embargo, enfatizó que la persona que ama de forma sana es aquella que renuncia a usar ese poder para dañar, manipular o ganar una discusión, incluso en momentos de enojo. Utilizar la información privada como arma es, para Rolón, una actitud imperdonable que marca una ruptura definitiva en el vínculo.

En su libro «La felicidad», Rolón introduce el concepto de «faltacidad» para describir una felicidad que no ignora el sufrimiento. Rechaza la noción de una plenitud absoluta y propone una dicha imperfecta, donde el ser humano convive con las marcas de su pasado en un mundo a menudo incómodo e injusto. Para el psicoanalista, la estabilidad emocional se encuentra en habitar el «aquí y ahora», reconociendo que la vida no es un lugar permanentemente feliz, pero sí un espacio donde la felicidad puede existir en esos momentos compartidos y proyectos, siempre y cuando no se pretenda que dure para siempre.

Fuente original: La Nación

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