Llegó a Buenos Aires desde Francia en 1855 y poco después fundó la primera industria cervecera del país que lleva su apellido; su otrora pujante planta fabril de Llavallol hoy está siendo demolida
Llegó a Buenos Aires desde Francia en 1855 y poco después fundó la primera industria cervecera del país que lleva su apellido; su otrora pujante planta fabril de Llavallol hoy está siendo demolida
Todo comenzó como el sueño de progreso de un inmigrante europeo de nombre Emilio Bieckert , que llegó a la Argentina en 1855 con la intención de expandirse en su oficio de cervecero.
Su anhelo se cumplió con creces. Tanto, que en 1908 la cervecería Bieckert , ya próspera, se instaló Llavallol , en el sur del Gran Buenos Aires. Pronto se convirtió en un emblema industrial de la zona. Llegó a tener unos 2000 trabajadores y la marca se convirtió en líder en su rubro en la Argentina.
Hoy, 116 años después de su inauguración, quienes pasan por la estación Llavallol del Ferrocarril Roca, ubicada frente a la otrora pujante fábrica, pueden observar dos cosas: que se encuentra abandonada y que está en un proceso de demolición que comenzó en el mes de mayo.
En las redes sociales circulan videos en los que se ve el choque de una bola de demolición contra los silos de la fábrica, destinados en otros tiempos a almacenar granos de cebada y también malta, materia prima de la cerveza.
La esfera metálica destinada a destruir parece pequeña al lado de los inmensos depósitos, pero más tarde o más temprano su trabajo se concretará. Marcará con ello el final del último rastro de una era en que Bieckert fue “la reina de las cervezas” para los argentinos.
La historia de esta marca de cerveza está absolutamente ligada a su creador, Emilio Bieckert , y a su afán de emprender una aventura industrial lejos de su casa. Es que este hombre nació en la región de Alsacia, territorio francés, aunque con fuerte impronta germana, el 16 de junio de 1837.
El contacto de Emilio con la elaboración de la bebida nacida de de la cebada se produjo desde muy niño, ya que su padre y varios de sus antepasados eran reconocidos cerveceros de la zona.
La familia Bieckert tenía una de las fábricas de cerveza más importantes de Barr , una localidad próxima a Estrasburgo . De modo que Emilio tuvo como teatro de sus juegos infantiles “los inmensos toneles, las oscuras cavas, los grandes depósitos y los enormes montones de cebada y de lúpulo de la cervecería de sus progenitores”, según cuenta Manuel Chueco en su obra Los pioneers de la industria nacional , publicado en 1886.
El autor de este libro asevera que, a diferencia de otros inmigrantes que llegaron a la Argentina en los siglos XIX y XX, Emilio no tenía ninguna necesidad económica que cubrir cuando decidió alejarse de su terruño natal para emprender nuevas aventuras más allá del Atlántico. Quería simplemente expandir sus horizontes.
Dispuesto a comenzar “de cero” en Sudamérica , el joven Bieckert no permitió que sus padres le dieran dinero para su aventura en el Nuevo Mundo. Solo llevó lo necesario para el viaje y sus ganas de emprender.
Llegó al Río de la Plata en 1855 y allí encontró trabajo para desarrollar su oficio en una pequeña cervecería de nombre Santa Rosa, ubicada en la calle Bolívar de la ciudad de Buenos Aires y bajo la dirección de Juan Bühler .
Sus conocimientos de la materia y su contracción al trabajo pronto le hicieron ganar el respeto de sus superiores que lo ascendieron en jerarquía y en salario en la modesta fábrica. Pero el joven Bieckert no se quedaría allí por mucho tiempo.
Luego de mudarse a trabajar por un año a Chile, donde dio el puntapié inicial a una incipiente producción cervecera que antes de él era demasiado precaria, regresó a Buenos Aires para levantar su propia empresa.
El 15 de febrero de 1860, este incansable alsaciano fundó su cervecería en un local muy reducido ubicado en la esquina de Azcuénaga y Piedad (actual Bartolomé Mitre). Solo tenía a un peón como empleado y apenas contaba con dos pipas (toneles) para la fermentación del producto que tan bien sabía elaborar.
La calidad de su cerveza en una ciudad que crecía a ritmo vertiginoso pronto produjo una fuerte suba de la demanda, lo que hizo que el número de pipas y de empleados de la pequeña empresa fuera creciendo en forma acelerada. Tanto, que la fábrica necesitó un lugar más amplio, y así fue que se trasladó en la calle Salta número 12, donde permaneció de 1861 al 1868.
En este último año, por el crecimiento constante de la demanda y la producción, se necesitó realizar un nuevo salto edilicio. El establecimiento elegido ahora por el maestro cervecero fue uno ubicado en Esmeralda y Juncal , en el barrio de Retiro.
Fuente original: La Nación
Fuente original: La Nación




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