En la madrugada del 15 de mayo de 1989, mientras la Argentina amanecía sacudida por el resultado de unas elecciones presidenciales históricas y atravesaba una de las peores crisis económicas de su historia, una noticia estremeció al mundo del espectáculo:Julio De Graziaacababa de dispararse en la cabeza en su departamento de la calle Suipacha.
El actor, una de las figuras más queridas y prestigiosas del cine argentino, fue trasladado de urgencia al Hospital Fernández. Durante tres días peleó por su vida. Finalmente, el 18 de mayo, murió a los 59 años. Su final, tan inesperado para el público como devastador para sus seres cercanos, convirtió aquella tragedia enuno de los episodios más conmocionantes de la cultura argentina.
La imagen resultaba difícil de asimilar. De Grazia era el hombre que había hecho reír a generaciones enteras desde la pantalla. El actor de gestos únicos, mirada melancólica y una voz inconfundible capaz de pasar del grotesco a la ternura en segundos. El mismo que h
Fuente original: Infobae

