Desde tiempos inmemoriales, la tradición de nombrar a los hijos según el santo del día de su nacimiento ha sido una costumbre arraigada en muchas culturas, especialmente en la nuestra. Aunque popularmente se confunde «onomástico» con «cumpleaños», el santoral se refiere específicamente a la lista de hombres y mujeres que la Iglesia Católica conmemora diariamente por su vida ejemplar y su conexión con lo divino.
Cada día del año se recuerda a estas figuras, que destacaron por sus acciones benéficas, su ética y su moral, cualidades que eventualmente los llevaron a ser canonizados o beatificados. Este miércoles 5 de agosto, por ejemplo, se celebra la Dedicación de la Basílica de Santa María, un evento de gran significado dentro de la tradición católica.
El camino para ser reconocido como santo por la Iglesia Católica es un proceso largo y meticuloso. Si bien en los primeros siglos del cristianismo el reconocimiento era más informal, la Edad Media introdujo un procedimiento formal. Hoy, la Iglesia realiza una investigación exhaustiva de la vida del candidato y establece cuatro vías principales para la canonización: las virtudes heroicas, el martirio, las causas excepcionales con culto antiguo y el ofrecimiento de la vida. Además, se requiere la atribución de al menos dos milagros (uno si fue mártir).
No existe un plazo fijo para este proceso; algunos santos fueron canonizados siglos después de su muerte, mientras que otros lo fueron en apenas unos meses. La declaración final es una solemne proclamación papal, que incluye la asignación de un día de fiesta para su veneración litúrgica. Las últimas canonizaciones significativas tuvieron lugar en octubre de 2019, cuando el Papa Francisco elevó a los altares al cardenal John Henry Newman y a la hermana Dulce de Brasil.
El catolicismo sigue siendo una de las religiones más practicadas a nivel global. Según los datos más recientes del Vaticano, existen más de 1.360 millones de católicos en el mundo. El continente americano concentra casi la mitad de estos fieles, con una cuarta parte ubicada específicamente en Sudamérica, lo que subraya la profunda relevancia de estas tradiciones en nuestra región. Mientras tanto, Asia y África han visto un notable crecimiento en su población católica, a diferencia de Europa, donde la presencia ha disminuido.
Fuente original: Infobae

