El traje claro estaba impecable. El Rolex de oro brillaba en la muñeca. El hombre que lo llevaba puesto hablaba con la cadencia pausada de quien tiene todo el tiempo del mundo, y cuandoThomas Harrisse levantó para despedirse, le dijo que con gusto lo visitaría en Texas la próxima vez que viajara.
Harris salió del consultorio de la prisión de Topo Chico convencido de haber conversado con el médico de planta. En el pasillo, antes de abandonar el penal, le preguntó al alcaide quién era ese hombre.
—El médico es un asesino —dijo—. Como cirujano, pudo empaquetar a su víctima en una caja sorprendentemente pequeña.Nunca saldrá de este lugar. Está loco.
Era 1963. Harris tenía 23 años.El hombre del traje claro tenía 28 y llevaba cuatro años preso por desmembrar a su amante y enterrarlo en una caja en el patio de su consultorio. Dieciséis años después, cuando Harris se sentó a escribir su primera novela, ese hombre seguía esperándolo al fondo de un pasillo de su memoria. No era el doctor Salazar
Fuente original: Infobae

