España y Portugal atraviesan su peor temporada de incendios forestales en más de medio siglo, y un protagonista inesperado ha emergido en el centro de la polémica: el eucalipto. Este árbol, introducido originalmente para recuperar suelos degradados y abastecer la industria papelera, ha sido señalado como un factor clave que intensifica la propagación de las llamas en la Península Ibérica, tanto por sus propiedades altamente combustibles como por su incontrolable expansión.
Según informes de Greenpeace, la variedad más común en España es el Eucalyptus globulus, conocido como eucalipto blanco, que puede superar los 30 metros de altura. Si bien su madera es valorada para la fabricación de papel de alta calidad y estructuras, la organización ecologista enfatiza que el problema no recae únicamente en el árbol. Aunque el eucalipto y el pino son conocidos por su facilidad para arder, el riesgo se ve amplificado por la vegetación circundante, que actúa como un «combustible escalera» llevando el fuego rápidamente hacia las copas.
Greenpeace destaca que el eucalipto posee características que elevan significativamente la peligrosidad de los incendios. Este árbol puede modificar la composición del suelo, dificultar la descomposición de la hojarasca y generar aceites altamente inflamables, aumentando así la carga de combustible disponible. Esta combinación explosiva favorece la acumulación de material combustible en la base del árbol y la aparición de focos secundarios cuando hay viento, facilitando la rápida expansión del fuego a nuevas áreas.
Cuando el eucalipto se propaga sin control, compite ferozmente con las especies nativas, alterando gradualmente el suelo, el agua y la biodiversidad local. Esto resulta en una profunda transformación del paisaje en vastas extensiones del norte y noroeste de la península. A pesar de que en 2017 un comité científico recomendó catalogar al eucalipto como «especie exótica invasora», el gobierno español optó por no incluirlo en el catálogo oficial, una decisión que, según críticos, buscó proteger a la lucrativa industria maderera.
La presencia del eucalipto se extiende desde el río Miño hasta Bizkaia, y nuevas especies más resistentes al frío, como el Eucalyptus nitens, ya se están plantando en regiones interiores. Ante esta situación, Portugal implementó una moratoria a nuevas plantaciones hasta 2030, mientras que Galicia y Bizkaia hicieron lo propio hasta finales de 2025. Greenpeace insta a extender estas moratorias a todos los territorios afectados y a reabrir el debate sobre el impacto de esta especie, buscando su retiro de los espacios naturales protegidos.
Fuente original: Infobae

