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Martes 3 de noviembre de 2026
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Desmontando el Mito: Por Qué el Aceite de Coco Podría Perjudicar tu Salud Cardiovascular

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En los últimos años, el aceite de coco se ha posicionado como un «superalimento» en redes sociales y círculos de bienestar, prometiendo una variedad de beneficios para la salud. Sin embargo, la comunidad médica y la ciencia están cada vez más lejos de respaldar estas afirmaciones, y, de hecho, advierten sobre posibles riesgos para la salud cardiovascular.

El cardiólogo Hernán Krimer, un especialista consultado por Ahora Noticias, es contundente al respecto: «No hay muchos estudios que avalen lo que se dice comercialmente sobre el aceite de coco.» El médico señala que las personas que suelen consumir estos suplementos a menudo llevan un estilo de vida saludable en general, lo que dificulta atribuir cualquier mejora específica al consumo del aceite de coco por sí solo. Para ilustrar su punto, Krimer menciona el caso de la India, principal productor y consumidor de aceite de coco, donde la salud cardiovascular de la población no es superior a la de Argentina, país donde se prefiere el aceite de girasol.

Una publicación en la prestigiosa revista Circulation, de la Asociación Americana del Corazón, refuerza esta preocupación. El estudio sugiere que el consumo de aceite de coco provoca un aumento significativamente mayor del colesterol LDL, conocido como «colesterol malo», en comparación con los aceites vegetales no tropicales. El colesterol LDL elevado es un factor de riesgo probado para eventos cardiovasculares graves como infartos y accidentes cerebrovasculares (ACV), siendo el principal objetivo de los médicos reducir sus niveles en los pacientes.

El Dr. Krimer explica que, si bien el aceite de coco puede elevar el colesterol HDL («colesterol bueno»), el incremento simultáneo del LDL anula este posible beneficio. «Desde el punto de vista cardiovascular, no es negocio el consumo del aceite de coco», afirma el cardiólogo, agregando que también contribuye al aumento de los triglicéridos, otra grasa en sangre que, en niveles altos, puede obstruir las arterias y, en casos extremos, provocar pancreatitis.

Entonces, ¿cómo se puede mejorar el perfil lipídico sin recurrir a opciones dudosas? La respuesta, según el Dr. Krimer, es clara y simple: la actividad física. Es la forma más efectiva de aumentar el HDL. Las recomendaciones actuales van desde el ejercicio aeróbico moderado hasta la sobrecarga progresiva (levantamiento de peso), que genera hipertrofia muscular y disminuye el riesgo cardiovascular. El especialista enfatiza que el ejercicio es «el factor contundente», con un impacto desproporcionadamente mayor que cualquier otra medida para la salud del corazón. Incluso el aceite de oliva, que sí eleva el HDL y mantiene bajo el LDL, debe complementarse con la actividad física para ser realmente efectivo.

Fuente original: Clarín

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