En 2025, la censura literaria en Estados Unidos alcanzó su segundo pico histórico, con 4.235 títulos denunciados, según la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos (ALA). El 40% de los libros atacados aborda temáticas LGTBIQ+ y vivencias de personas de color, según datos de la Oficina para la Libertad Intelectual (OIF) de la ALA.
Las estadísticas revelan que el 92% de las solicitudes de censura provienen de grupos de presión, funcionarios y políticos, en contraste con el mito de los ‘padres preocupados’, que solo representan menos del 3% de las denuncias. Sarah Lamdan, directora de la OIF, denunció una ‘campaña financiada y con motivaciones políticas’ para silenciar historias de minorías.
El impacto fue drástico: 5.668 libros fueron retirados de bibliotecas, y casi 1.000 sufrieron restricciones, como reubicar libros infantiles en secciones para adultos o exigir permisos parentales. Títulos emblemáticos como Gender Queer de Maia Kobabe o Last Night at the Telegraph Club de Malinda Lo son frecuentemente atacados.
La censura afecta todas las edades, desde cuentos infantiles como Daddy’s Roommate o Heather Has Two Mommies hasta obras juveniles como This Book is Gay de Juno Dawson. La justificación oficial suele apelar a ‘obscenidad’ o ‘inadecuación para menores’, pero la sistemática denuncia de contenido diverso apunta a una eliminación deliberada de identidades LGTBIQ+ del ámbito público.
Este fenómeno no solo restringe el acceso a la literatura, sino que también perpetúa la invisibilización de comunidades marginadas. La lucha por la libertad intelectual se convierte en un frente crucial para defender la diversidad en la educación y la cultura.

