La activación constante de losmecanismos de defensa ante elestréspuede afectar profundamente tanto al cuerpo como a la mente. Aunque el organismo está preparado para responder a amenazas inmediatas, mantener estos sistemas en alerta durante largos periodos tiene consecuencias que van más allá del malestar momentáneo. Cuando las tensiones dejan de ser una reacción puntual y se convierte en unestado crónico, los efectos negativospueden extenderse a múltiples áreas de la salud.
Especialistas muestran que este estadocontribuye al desarrollo de afecciones como la hipertensión, la obesidad y los trastornos metabólicos, pero también incide en el deterioro de la salud mental. La exposición prolongada a altos niveles de hormonas, como el cortisol y la adrenalina, favorece laaparición de ansiedad, depresión y, en algunos casos, adicciones,explican informes deHarvardy laAmerican Psychological Association. Al mismo tiempo, puede acelerar la progresión deenfermedades neurodegenerativascomo el Alzhe
Fuente original: Infobae
