Mientras Colombia aún se recupera de un devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el país el pasado 10 de agosto y dejó miles de damnificados, otra emergencia mantiene en vilo a las autoridades y a la población: voraces incendios forestales azotan el departamento de Tolima, en el centro del país. Las llamas no dan tregua y consumen vastas extensiones de bosque y vegetación, generando una preocupación creciente.
Los reportes oficiales indican que, en tan solo siete días, más de 11.200 hectáreas de vegetación y bosque virgen han sido arrasadas por el fuego. La situación es crítica y los organismos de socorro trabajan sin descanso en múltiples frentes para intentar contener la propagación de las llamas. El ministro del Interior de Colombia, Rodrigo Lara, confirmó que se están redoblando los esfuerzos para apagar los focos activos y evitar que el desastre se extienda a más zonas.
El trabajo de extinción se concentra en localidades como San Luis, Guamo, Valle de San Juan y Ortega, donde se han desplegado más de 200 soldados del Ejército Nacional, además de personal en tierra y apoyo aéreo. Aunque San Luis y Ortega se reportan mayormente controlados, Carmen de Apicalá y el sector Palomas permanecen con focos activos, requiriendo refuerzos constantes. Incluso la alcaldía de Bogotá, a cargo de Carlos Fernando Galán, envió un equipo de 15 bomberos para colaborar en las tareas de combate al fuego, demostrando la solidaridad interregional.
La gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, expresó su profunda preocupación por la magnitud de la afectación y el impacto ambiental. Los daños materiales ya son significativos, con al menos 50 viviendas completamente destruidas, mientras se continúan verificando las pérdidas en los territorios afectados. En medio de esta compleja situación, una buena noticia llegó el fin de semana: las lluvias cayeron sobre el departamento, generando un respiro y una esperanza para los habitantes y los equipos de emergencia que luchan contra la furia del fuego.
Fuente original: Infobae

