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Cambio de clima y defensas bajas: los errores alimentarios que te enferman cada temporada

14/05/2026 3 min de lectura Por Redacción
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Con la llegada del otoño y la proximidad del invierno, el organismo enfrenta uno de sus mayores desafíos: adaptarse a las oscilaciones de temperatura entre el mediodía y la madrugada. Aunque el termómetro no marque valores extremos, ese vaivén térmico genera un estrés fisiológico real que, si no se acompaña de una alimentación adecuada, termina pasándole factura al sistema inmunológico.

El problema no es solo el frío en sí mismo. Según el nutricionista Aitor Bengoa Domínguez, coordinador académico de la carrera de Nutrición y Dietética del Instituto Carrión, las bajas temperaturas también reducen la exposición solar, lo que impacta directamente sobre los niveles de vitamina D, un nutriente esencial para que las defensas funcionen correctamente. «El cuerpo tiene que adaptarse a cambios constantes de temperatura y humedad, y eso le exige un esfuerzo adicional», explica el especialista.

A ese esfuerzo se le suma, muchas veces, una alimentación que va en sentido contrario. Con el frío, es habitual que las personas consuman menos frutas y verduras frescas y aumenten la ingesta de ultraprocesados o bebidas calientes cargadas de azúcar. También se reduce la actividad física. Todo eso en conjunto debilita las defensas justo en el momento en que el cuerpo más las necesita.

Los números respaldan la preocupación: el Ministerio de Salud de Perú registró más de 1,3 millones de episodios de Infecciones Respiratorias Agudas en lo que va del año, con un incremento sostenido desde el inicio de la temporada fría. Los departamentos más afectados fueron Pasco, Huancavelica, Apurímac y Ucayali, todos con tasas que superaron los 9.000 casos por cada 10.000 habitantes.

Frente a este panorama, los especialistas recomiendan incorporar ciertos alimentos clave. La vitamina C —presente en frutas como la naranja, la mandarina, el aguaymanto y el camu camu— fortalece la respuesta inmunitaria ante los virus estacionales. El zinc, que se encuentra en frutos secos y semillas, también es fundamental para que el organismo reaccione de forma adecuada ante las infecciones. La vitamina A, por su parte, protege las mucosas, que son la primera barrera del cuerpo frente a los gérmenes.

Las grasas saludables —como las de la palta o los frutos secos— y los alimentos fermentados, como el yogur natural, también juegan un papel importante en el refuerzo de las defensas. Y en los días más fríos, las preparaciones calientes como sopas, caldos e infusiones ayudan a mantener la hidratación y a sumar nutrientes. Ingredientes como el jengibre, el ajo y la cebolla, presentes en la cocina cotidiana, aportan propiedades antiinflamatorias que potencian aún más ese efecto.

«Pequeños ajustes en la dieta pueden hacer una diferencia enorme en cómo responde el cuerpo frente a las enfermedades de temporada», señala Bengoa Domínguez. Además de la alimentación, las autoridades sanitarias recuerdan que las vacunas contra la gripe y el neumococo son una herramienta clave, especialmente para niños menores de 5 años, adultos mayores de 60 y personas con enfermedades crónicas.

Fuente original: Infobae