A pesar de estar disponible en farmacias de todo el mundo desde hace décadas, el estrógeno vaginal sigue siendo un tratamiento poco utilizado por muchas mujeres que podrían beneficiarse enormemente de él. Un estudio reciente, que analizó a casi dos millones de mujeres con infecciones urinarias recurrentes, reveló que solo una cuarta parte recibió una prescripción para este tratamiento, lo que subraya una brecha significativa entre la evidencia científica y la práctica clínica.
Un punto de inflexión importante se produjo cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos eliminó en noviembre de 2025 la advertencia de recuadro negro que, durante más de veinte años, había generado cautela en su uso. Esta decisión, basada en una revisión exhaustiva de la literatura científica, confirmó que la advertencia original se fundamentaba en interpretaciones desactualizadas de datos iniciales, sobreestimando los riesgos, especialmente para las formulaciones vaginales de baja dosis. La Sociedad de la Menopausia respaldó públicamente esta medida, destacando que la advertencia había disuadido el uso de una terapia segura y eficaz.
Este tratamiento está dirigido al síndrome genitourinario de la menopausia (SGM), un conjunto de síntomas molestos que afectan a entre el 40% y el 54% de las mujeres posmenopáusicas, incluyendo sequedad vaginal, ardor, irritación y dolor durante las relaciones sexuales, así como urgencia urinaria. La disminución de estrógeno también reduce la acidez vaginal, aumentando la susceptibilidad a infecciones del tracto urinario. A diferencia del estrógeno sistémico, el estrógeno vaginal en bajas dosis actúa principalmente a nivel local, con una absorción mínima en el torrente sanguíneo, lo que contribuye a su perfil de seguridad.
La evidencia científica más reciente refuerza los beneficios y la seguridad del estrógeno vaginal. Estudios han demostrado que las formulaciones modernas minimizan el aumento de los niveles hormonales en sangre. Organizaciones como el Instituto Nacional del Cáncer y la Sociedad Americana del Cáncer coinciden en que las terapias locales de baja dosis no alteran significativamente el riesgo de cáncer de mama ni endometrial. Incluso, hallazgos recientes indican que las mujeres posmenopáusicas con infecciones urinarias recurrentes que usaron estrógeno vaginal tuvieron un riesgo significativamente menor de sepsis, hospitalización y muerte.
Las guías médicas más actuales, como la conjunta de la Asociación Americana de Urología (AUA) y otras sociedades, recomiendan explícitamente a los médicos ofrecer estrógeno vaginal de baja dosis a pacientes con SGM, y especialmente a quienes sufren infecciones urinarias recurrentes. Además, se ha confirmado que el tratamiento es seguro incluso para la mayoría de las pacientes con antecedentes oncológicos, sin aumentar las tasas de recurrencia del cáncer. Este conjunto de evidencias abre un camino prometedor para mejorar la calidad de vida de millones de mujeres en la menopausia.
Fuente original: Infobae

