Una marea de fieles seguidores se congregó en el Polideportivo José María Gatica, transformado en un altar popular, para darle el último adiós a Carlos «Indio» Solari, el ícono que marcó a varias generaciones del rock nacional. La emotiva despedida, que tuvo lugar este domingo, fue un reflejo del profundo impacto que el artista dejó en la cultura argentina.
Desde tempranas horas, una fila interminable de fanáticos, algunos llegados desde puntos remotos del país como Santa Rosa, La Pampa, o Paso de los Libres, Corrientes, serpenteaba por las calles de Villa Domínico y Sarandí. A lo largo de la espera, el aire se llenaba con las canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, creando una atmósfera de melancolía y celebración de su legado. Comerciantes ambulantes ofrecían banderas, choripanes y remeras con la inconfundible imagen del artista, mientras la gente compartía recuerdos y anécdotas.
Al ingresar al Polideportivo, la escena era desoladora y conmovedora. Un féretro brillante, adornado con una alfombra improvisada de remeras, banderas y flores enviadas desde cada rincón del país, reposaba frente a una pantalla que proyectaba «Indio» y «1949 – ∞». Las lágrimas, contenidas durante la larga espera, brotaban sin freno. Gritos de «Gracias, Indio» y «Te amo, Indio» resonaban en el recinto, mezclándose con sollozos que venían del alma.
Para muchos, el Indio no era solo un músico, sino un poeta que puso voz a sus sentimientos más profundos. La despedida fue una catarsis colectiva, donde cada fanático revivió estadios, rutas y discos, buscando consuelo en la música que él les legó. La presencia masiva de personas de todas las edades, desde quienes lo siguieron desde los inicios hasta jóvenes que crecieron con su música, demostró la atemporalidad de su obra y la huella imborrable que dejó en el corazón de la Argentina. Su partida, a los 77 años, deja un vacío inmenso, pero su espíritu y sus canciones vivirán para siempre.
Fuente original: Infobae

