Un reciente estudio de gran envergadura está cambiando la forma en que los especialistas evalúan el riesgo cardiovascular, poniendo en jaque el uso exclusivo del Índice de Masa Corporal (IMC). La nueva evidencia sugiere que la acumulación de grasa en la zona abdominal podría ser una señal mucho más precisa de peligro para el corazón, incluso en personas que, según el IMC, se encuentran en un rango de peso considerado normal.
Durante años, el IMC fue la herramienta estándar para clasificar el sobrepeso y la obesidad, calculando la relación entre peso y altura. Sin embargo, su principal limitación es que no distingue entre masa grasa y masa muscular, ni indica dónde se concentra la grasa en el cuerpo. Esta falencia ha sido objeto de debate, ya que dos individuos con el mismo IMC pueden presentar perfiles metabólicos y cardiovasculares muy diferentes.
La investigación, publicada en la prestigiosa revista JACC del American College of Cardiology, analizó datos de 259.388 adultos sin enfermedad coronaria previa, con un seguimiento de 20 años. El estudio se centró en dos medidas de adiposidad central: la circunferencia de la cintura y la relación cintura-cadera, buscando capturar la distribución de la grasa, algo que el IMC no logra.
Los resultados son contundentes: el 5% de las personas con IMC normal tenían una circunferencia de cintura alta, y el 18% presentaba una relación cintura-cadera elevada. Entre quienes tenían sobrepeso según el IMC, el 39% tenía cintura alta y el 40% una relación cintura-cadera alta. Esta discordancia indica que una parte significativa de la población podría estar subestimando su riesgo si solo se basa en el peso y la altura.
Los autores observaron que, tanto en los grupos con peso normal como con sobrepeso según el IMC, tener indicadores elevados de grasa abdominal se asoció con un riesgo entre 15% y 50% mayor de sufrir eventos cardiovasculares como infartos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca y mortalidad general. La Dra. Zeina A. Dardari, autora principal, enfatizó que apoyarse solo en el IMC puede llevar a una clasificación errónea del riesgo.
En conclusión, los especialistas sugieren que medir la circunferencia de la cintura y la relación cintura-cadera son herramientas esenciales para una evaluación más completa y precisa del riesgo cardiovascular, instando a dejar de lado el foco exclusivo en el Índice de Masa Corporal.
Fuente original: Infobae
