El próximo Mundial de fútbol, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá, no solo será el más extenso de la historia de la FIFA, sino que ya genera controversia por una medida que busca proteger la salud de los futbolistas: las pausas de hidratación obligatorias. Con temperaturas que podrían superar los 35 grados en varias sedes, la necesidad de estos descansos es un tema central de debate.
La FIFA implementó las pausas de hidratación en 2014, pero es para la edición de 2026 que la medida adquirió carácter universal y obligatorio. Esto significa que cada partido contará con un receso de tres minutos a la mitad de cada tiempo, específicamente en el minuto 22. Durante este lapso, los jugadores podrán beber líquidos, bajar su temperatura corporal y recibir atención médica básica, además de permitir a los entrenadores impartir instrucciones tácticas rápidas.
Sin embargo, estos “cooling breaks” no están exentos de críticas. Muchos aficionados y profesionales del deporte, como el exfutbolista Jürgen Klopp, los han calificado como una “jaula dorada para los patrocinadores”, sugiriendo que la motivación principal es comercial y no la salud. Argumentan que la FIFA no considera si los estadios cuentan con aire acondicionado o las condiciones climáticas específicas de cada lugar, lo que refuerza la percepción de un interés publicitario sobre el bienestar de los atletas.
Más allá de la polémica, la ciencia respalda la importancia de la hidratación en el rendimiento deportivo, especialmente en ambientes cálidos. Un estudio publicado en la ‘Revista Internacional de Ciencias del Deporte’ en 2018 demostró que la pérdida de líquidos a través del sudor durante los partidos puede ser considerable y afectar negativamente el desempeño físico y la recuperación de los jugadores.
Investigaciones realizadas en la Ligue 1 francesa, por ejemplo, revelaron que los futbolistas perdían en promedio un 2% de su peso corporal, incluso con ingesta de líquidos durante el juego, lo que indica que la reposición suele ser insuficiente. Una deshidratación superior a este porcentaje se asocia con una disminución significativa en la capacidad física, reduciendo la distancia recorrida, la intensidad de los sprints y la capacidad de respuesta cognitiva. Los jugadores de mayor exigencia física, como los mediocampistas y extremos, son quienes corren mayor riesgo.
El riesgo de deshidratación se acentúa en climas cálidos y húmedos, donde la sudoración puede duplicarse. La cantidad de líquido que los jugadores suelen ingerir durante un partido es a menudo insuficiente, reponiendo menos del 50% de lo perdido. Por ello, es crucial no solo la cantidad, sino también la calidad de la hidratación, reponiendo electrolitos esenciales junto con el agua. El nutricionista Mario del Rey subraya la necesidad de soluciones isotónicas para compensar la pérdida de minerales.
En definitiva, aunque las pausas para hidratación y el entretiempo son fundamentales, la evidencia sugiere que muchas veces no son suficientes. Los expertos abogan por estas intervenciones adicionales, especialmente en condiciones climáticas adversas, y resaltan la importancia de que los clubes y cuerpos técnicos desarrollen planes de hidratación individualizados y supervisados para cada jugador, considerando sus necesidades específicas y posición en el campo.
Fuente original: Infobae

