‘Todos los caminos llevan a Roma’, reza el dicho. Sea o no cierto hoy, todavía quedan vestigios del Imperio Romano que apuntan a que si no todos los caminos, sí una gran parte de ellos conducen a la capital italiana. Un ejemplo es el Ponte di Augusto, situado a lasafueras de la ciudad de Narni, en la Umbría meridional, constituye hoy el principal recuerdo de una una de las obras más singulares de laingeniería romana. Construido alrededor del año 27 a.C., este puente formado originalmente por cuatro arcos y una calzada de unos ocho metros de ancho, representó uno de los pasos más audaces sobre el Nera, según recoge el medioThe Wom Travel.
El arco principal, que todavía se puede contemplar, se eleva más de treinta metros sobre el río, lo que subraya la magnitud de la obra. La estructura fue erigida con grandesbloques de travertinoencajados sin cemento armado, empleandotécnicas sofisticadasque permitían soportar tanto la presión de las cargas como las vibraciones. El último gran derrumbe
Fuente original: Infobae

