En su casa de la infancia en Bahía Blanca,Guillermo Martíneznadaba entre libros. Su padre,Julio G. Martínez, era un ingeniero agrónomo que escribía en la soledad de su afición. Reunía a sus hijos los domingos y bajo la luz de la mañana les leía un cuento. “Mi papá tenía mucha formación política. Había sido católico pero cuando fue a estudiar a La Plata entró en esa especie de espiral de politización de los jóvenes de la época y fue un cuadro del Partido Comunista. Por eso en mi casa había toda una biblioteca marxista, además de la biblioteca literaria y de las dos bibliotecas de la literatura argentina: la deSury la del realismo social”, cuenta.
Cuando su padre murió —apenas empezaba este nuevo siglo—, revisando sus pertenencias, sus notas, cuadernos y manuscritos, encontró un tesoro: cuatro novelas, cinco obras de teatro y más de doscientos cuentos: publicó todo en 2010 en un libro recopilatorio tituladoUn mito familiarque editó Planeta con una introducción de su hijo. Ahora vuelve el
Fuente original: Infobae

