La escritora y activista española Elizabeth Duval pasó por los estudios de Infobae y protagonizó una conversación intensa sobre política, identidad y el estado actual del progresismo en España y Argentina. Con solo 25 años y seis libros en su haber, Duval se posiciona como una de las voces más originales de la escena intelectual europea.
A la hora de presentarse, prefirió correrse del rótulo de «filósofa». «Llamarse filósofa requiere cierta pretensión», admitió con humor. En cambio, eligió definirse como escritora: «Es una actividad más concreta, más humilde. Es lo que hago y con lo que me siento cómoda».
Su vínculo con la escritura arranca desde la adolescencia. A los 16 años intentó escribir una novela que, según reconoció, superaba ampliamente sus posibilidades de ese entonces. Aun así, ese impulso nunca desapareció. A esa misma edad ya era tapa del diario El País de España en una nota titulada «El futuro es trans», consolidándose como referente de la juventud trans en su país.
Hoy trabaja en una nueva novela de ficción que explora la tensión entre la escritura y la responsabilidad ética de usar experiencias ajenas como material narrativo. La trama también gira en torno al vínculo entre un padre y una hija, con todas las capas de conflicto y trauma que esa relación puede contener.
En materia política, Duval trazó un panorama complejo sobre España. Por un lado, destacó que el gobierno de Pedro Sánchez logró posicionarse como una referencia progresista a nivel global, especialmente por su postura frente al conflicto en Palestina y su resistencia al avance de la ultraderecha. Por otro lado, alertó sobre una realidad que las urnas vienen confirmando elección tras elección: «La izquierda, y en particular el Partido Socialista, pierde votos sistemáticamente en cada proceso electoral regional. Hay algo que no está funcionando».
Para Duval, uno de los errores centrales del progresismo fue ceder terreno simbólico sin pelear. «La derecha se apropió de conceptos como patria, familia, orden, seguridad o libertad, y una parte de la izquierda simplemente los abandonó. Los soltó. Como si esas palabras ya no les pertenecieran», analizó. Y fue contundente al aclarar su posición: «Yo soy trans, soy parte de la comunidad LGBT. No estoy defendiendo ningún modelo de familia tradicional ni cerrado. Pero garantizar el derecho a formar una familia —elegida, no impuesta— es algo que la derecha tampoco cumple. Esa bandera la puede levantar la izquierda».
La activista también puso el foco en el rol de la empatía dentro de la militancia. Señaló que resulta mucho más difícil deshumanizar al otro cuando hay un encuentro cara a cara, cuando hay una historia concreta de por medio. Esa proximidad, sostuvo, es clave para construir vínculos políticos genuinos.
Finalmente, Duval dejó una reflexión que apunta directo al corazón de la estrategia electoral progresista: «La política no se gana con el mejor argumento ni con quien más razón tiene. Se gana con afectos, con sensaciones, con la capacidad de transmitir seguridad o esperanza. Agitar el miedo a la ultraderecha como único recurso ya no alcanza. La gente necesita algo más que una advertencia».
Fuente original: Infobae

