Una nueva tendencia electoral está cobrando fuerza en Argentina, marcando un giro en la forma de entender las preferencias de los ciudadanos. Se trata del fenómeno del votante que, ante las propuestas o realidades políticas, responde con un contundente «sí, pero» o un «no, pero». Este perfil, al que algunos analistas ya denominan «votante perista», se niega a encasillarse en los extremos tradicionales y busca una postura más matizada frente al panorama actual.
El «sí, pero» se manifiesta en quienes, por ejemplo, aprueban la baja de la inflación o el equilibrio fiscal, pero cuestionan los métodos del ajuste o el impacto en los jubilados. También incluye a quienes apoyan la seguridad pero se preocupan por las consecuencias sociales de las medidas económicas. Por otro lado, el «no, pero» caracteriza a aquellos que, si bien rechazan al actual gobierno, tampoco desean un regreso a la Argentina pre-2023, ni a la inflación descontrolada, ni al modelo político kirchnerista. Ambos grupos comparten una característica fundamental: la necesidad de poner una condición a su adhesión o rechazo político.
Este concepto no surge de encuestas convencionales, sino de análisis como el de Isonomía Consultores, que identificó a los «siperistas» como votantes que aceptan la dirección general del cambio impulsado por Javier Milei, pero tienen objeciones sobre políticas específicas, sus costos sociales o las formas del Presidente. Pablo Knopoff, director de la consultora, destacó que «el rumbo es más grande que Milei», sugiriendo que una parte de la sociedad considera necesarias ciertas transformaciones, pero no necesariamente atadas a una única figura para continuarlas. Esto plantea un escenario electoral donde la disputa ya no es solo a favor o en contra del Presidente, sino por quién se apropia y gestiona el «cambio».
Las mediciones de opinión pública refuerzan esta idea. Reportes recientes que llegaron a la Casa Rosada indican que un 14,6% de los consultados votaría por un espacio ni libertario ni kirchnerista, y un 40,7% podría hacerlo, sumando un 55,3% abierto a alternativas fuera de los dos polos dominantes. Sin embargo, los expertos advierten que la demanda de una tercera opción no garantiza la existencia de una candidatura capaz de unificar ese electorado, marcando una brecha entre la demanda y la oferta política. Estudios de Management & Fit también muestran matices entre quienes apoyan la continuidad del rumbo oficial y quienes buscan mantenerlo con modificaciones.
La aparición de este «votante perista» es más relevante que la vieja discusión sobre la «avenida del medio». No se trata necesariamente de moderados, sino de personas con convicciones firmes en algunos puntos y críticas en otros, que buscan un cambio profundo pero cuestionan la manera de implementarlo, o que rechazan al actual gobierno sin querer volver a esquemas pasados que consideran agotados. El gran interrogante para 2027 no es solo cuántos apoyan a Milei o lo rechazan, sino cuántos creen que el cambio era necesario, pero desean que se continúe de una forma diferente, más racional y con mayor atención a los costos sociales e institucionales. La próxima elección podría no ser una disputa entre ir hacia atrás o seguir adelante, sino una contienda por la administración del cambio ya iniciado, buscando que perdure más allá de quien lo impulsó.
Fuente original: Infobae


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