Más de 80.000 hinchas colmaron el Estadio Monumental para ser testigos de un momento que quedará grabado en la historia del fútbol argentino: la despedida de Lionel Messi de la Selección Nacional. Un evento cargado de alegría por celebrar al ídolo y, a la vez, una profunda nostalgia por el vacío que deja su ausencia en futuras convocatorias. Veintidós años después de su debut con la Albiceleste, y tras una carrera que reescribió todos los récords, el capitán le puso un emotivo punto final a su camino en Argentina en la victoria 3-0 frente a Benín.
El partido, que cerró la fecha FIFA para el equipo de Lionel Scaloni, tuvo su momento más álgido cuando, con el marcador 2-0, Messi se hizo cargo de un penal. Tras asistir previamente en los goles de Nicolás Otamendi y Nico Paz, el capitán rosarino se paró frente al arco y, con su zurdazo característico, anotó el gol número 126 en 208 partidos con la camiseta mayor. La celebración fue un abrazo colectivo, un «abrazo del alma» que unió a compañeros y a la hinchada en un solo salto de euforia.
La noche estuvo plagada de momentos emotivos. Desde la lectura de la formación inicial, donde la locutora hizo una pausa dramática para presentar a «nuestro capitán, el máximo goleador de la historia, la leyenda, Lionel Andrés Messi», hasta los cánticos incesantes y la venta de camisetas y recuerdos en las inmediaciones del estadio. La conexión entre Messi y su público se hizo palpable, cada gesto del 10 era una ovación, cada intento, una esperanza. Incluso en el precalentamiento, cuando Messi practicaba tiros libres, la gente vibró con cada disparo, celebrando un acierto y lamentando los que pegaron en los palos.
A pesar de la emotividad del adiós, Messi mostró su inquebrantable espíritu competitivo. Se lo vio frustrado por ocasiones de gol perdidas, como un remate que se fue por centímetros en el área chica, o un tiro libre que no encontró el arco en los últimos segundos. Las cámaras incluso captaron su fastidio con un contundente «¡Qué pelotudo!» tras una jugada fallida, demostrando que su hambre de gloria permanecía intacta hasta el último minuto de juego. Este temperamento, sumado a su magia, lo convirtió en el fenómeno que es.
El cierre del evento fue un espectáculo memorable. Tras el pitazo final, el árbitro chileno Fernando Véjar tuvo un gesto destacado al regalarle el balón a Messi. Luego, el show artístico y un discurso cargado de emoción del propio capitán dieron paso a un despliegue de drones que, a pesar de un curioso blooper al mostrar a Leo pateando con la pierna derecha (la inhábil), iluminaron el cielo de Núñez. Los jugadores de Benín, respetuosos, se quedaron a presenciar la despedida, devolviendo los aplausos de la hinchada local y formando parte de una noche histórica.
Con seis títulos en su haber y una infinidad de récords, Lionel Messi se despide de la Selección Argentina, dejando un legado inigualable. Esta jornada no solo marcó el final de una era gloriosa, sino también el inicio de una nueva etapa para el fútbol argentino, una era sin su máximo referente en la cancha, pero con la huella imborrable de su talento y pasión.
Fuente original: Infobae




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