La estructura demográfica de Argentina y el mundo está cambiando rápidamente. La proyección de una población envejecida ya es una realidad que nos obliga a reconsiderar el rol de nuestros adultos mayores. Con una natalidad en descenso y una esperanza de vida en aumento, la clásica pirámide demográfica se invierte, un tema central debatido por la especialista en Gerontología y Geriatría, Aurora Rueda, y el director ejecutivo de Fundación León, Federico Díaz Marino, en los «Encuentros LA GACETA: Sentirnos Bien».
Díaz Marino fue contundente al afirmar que «las pirámides van a invertirse», ilustrando esta tendencia con la dificultad de encontrar familias con hijos en los barrios populares. Esta combinación de baja natalidad y mayor longevidad no solo altera la composición de la sociedad, sino que también redefine las funciones que los adultos mayores pueden desempeñar. El concepto de «economía plateada» (silver economy) emerge, destacando que esta población no solo necesita cuidados, sino que es una fuente invaluable de experiencia y conocimiento.
Según Díaz Marino, este panorama abre un abanico de nuevas oportunidades. Anticipa un futuro donde la escasez de población joven activa hará que las personas mayores recuperen posiciones estratégicas, valorando su experiencia acumulada y su deseo de transmitir lo aprendido. Fundación León, por ejemplo, ya lidera centros de envejecimiento activo en San Miguel de Tucumán, Yerba Buena y Banda del Río Salí, con una gran demanda que demuestra la necesidad de conexión y el estímulo no solo físico, sino también cerebral y emocional.
Por su parte, Aurora Rueda puso el foco en el «viejismo», definido como el conjunto de prejuicios y estereotipos negativos hacia las personas mayores. Ideas como «los viejos son decadentes», «no pueden trabajar» o «tienen dificultades para estudiar» son comunes. Para la gerontóloga, el verdadero problema no reside en cumplir años, sino en la percepción social sobre el envejecimiento. «El viejismo no son las arrugas, son cómo te mira el otro», sentenció.
Esta mirada externa, advirtió Rueda, puede ser internalizada, llevando a muchos a verse a sí mismos de acuerdo con las expectativas sociales. Por ello, cuestionó términos como «pasivo» y la noción de que jubilarse implica un cese de actividades. La especialista lamentó que, en esta sociedad, «nadie quiere ser viejo».
Díaz Marino recordó la inspiradora historia de León Feller, fundador de Fundación León, quien inició su proyecto a los 90 años y vivió hasta los 102. «Piensen a los 90 años qué pueden crear, formar», propuso, desafiando la imagen de la vejez como una etapa de retiro. Este ejemplo refuerza la idea central del debate: a medida que la sociedad vive más años, el desafío se vuelve fundamentalmente cultural, trascendiendo lo económico y lo sanitario.
Fuente original: La Gaceta




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