Un millón de comprimidos por día. Esa era, hace una década, la cifra de venta diaria de clonazepam en la Argentina, uno de los varios tranquilizantes (benzodiacepinas) disponibles en el mercado.
El dato surge de ventas reales relevadas por una consultora especializada y forma parte de una secuencia que permite seguir desde hace dos décadas la evolución del consumo de tranquilizantes en el país.
La curva es ascendente y tiene dos quiebres: la crisis de 2001-2002 y la pandemia. Cada vez que la Argentina atravesó una fractura social y económica profunda, sus efectos también pudieron comprobarse en las farmacias.
Informes del Observatorio de la Confederación Farmacéutica Argentina muestran que, en los últimos años, las dos grandes protagonistas del mercado -clonazepam y alprazolam- vienen reduciendo su comercialización.
Al mismo tiempo, aumentan el zolpidem, utilizado para tratar el insomnio , y la sertralina, un antidepresivo.
¿Significa que la Argentina se está curando de la ansiedad ? Probablemente no. Una explicación posible es que esté cambiando la herramienta con la que se intenta tratarla, con menos benzodiacepinas clásicas y más alternativas que muchas veces son percibidas como de menor riesgo.
Pero esa percepción puede ser engañosa. El zolpidem también puede generar tolerancia, dependencia y síntomas de abstinencia. Cambiar de medicamento no equivale a resolver el problema.
El punto más delicado aparece cuando se mira a los adultos mayores. Es el grupo que concentra uno de los consumos más elevados y prolongados de benzodiacepinas.
Un estudio realizado sobre el padrón de PAMI encontró un consumo de 0,8 dosis diarias definidas por usuario y que ubica a la Argentina entre los países con mayor consumo de tranquilizantes.
Ese dato adquiere otra dimensión cuando se lo cruza con la situación económica de los jubilados. Desde 2024 y 2025, las jubilaciones perdieron poder adquisitivo , el bono compensatorio permaneció congelado y hubo modificaciones en la cobertura de medicamentos de PAMI.
La pregunta es inevitable, aunque todavía carece de una respuesta estadística precisa: ¿Qué sucede con una persona mayor que lleva años tomando un tranquilizante y deja de poder pagarlo o de acceder a él?
La respuesta farmacológica es clara en un punto, ya que una benzodiacepina utilizada durante largo tiempo nunca debe suspenderse abruptamente sin supervisión médica.
La adaptación del organismo puede hacer que esa interrupción brusca provoque ansiedad intensa , insomnio y otros síntomas de abstinencia; en determinados casos, especialmente con dosis elevadas, puede aumentar el riesgo de convulsiones.
El descenso gradual y supervisado es un principio aceptado para reducir esos riesgos.
Detrás de las estadísticas de ventas hay una pregunta que merece ser investigada.
Si baja la comercialización de un medicamento, no se sabe qué ocurrió con cada paciente ya que algunos pueden haber cambiado de tratamiento, otros haber disminuido la dosis por su cuenta y otros haber dejado de comprarlo por razones económicas.
¿Cuántos pacientes mayores están modificando hoy tratamientos de años sin que el sistema de salud pueda detectarlo a tiempo ni los contabilice?
Médico psiquiatra. Magister en Psiconeuroendocrinología. Columnista de Clarín.
Fuente original: Clarín
Fuente original: Clarín





Deja una respuesta