La economía argentina enfrenta un escenario complejo y preocupante. Los últimos datos de actividad económica, particularmente los de julio, abrieron la posibilidad de que el país ingrese en una recesión técnica, al acumular dos trimestres consecutivos de caída. Este desempeño contrasta fuertemente con las proyecciones optimistas de principios de año, que pronosticaban un crecimiento del 3,5% y ahora se debaten en torno al 1% o 1,5% para este 2026, según diversas consultoras.
Los especialistas coinciden en que el freno se debe principalmente a la debilidad del consumo privado, la falta de inversión y el escaso acceso al crédito. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec reveló una caída del 2,9% en julio respecto a junio, y un 1,4% interanual. Este retroceso se suma a la contracción del 0,6% del Producto Interno Bruto (PIB) en el segundo trimestre, lo que exige una recuperación excepcional en agosto y septiembre para evitar un tercer trimestre en baja.
Martín Polo, economista, destacó que el “motor principal” de la economía, el consumo privado, “se apagó”. Este fenómeno se explica por la aceleración de la inflación, un mercado laboral más frágil y la pérdida de dinamismo del crédito, factores que redujeron drásticamente la capacidad de gasto de los hogares. Sectores clave como el comercio, la industria manufacturera y la construcción, que son grandes generadores de empleo y dependen de la demanda interna, fueron los más afectados.
La inversión también muestra un panorama desalentador, arrastrando caídas desde hace cinco trimestres, según Lucas Pussetto del IAE Business School. Este deterioro no solo impacta la demanda actual, sino que compromete la capacidad productiva futura del país. Mientras tanto, se observa una “economía de dos velocidades”, donde los sectores vinculados a la exportación, energía o minería logran sostenerse, mientras el mercado interno lucha por recuperarse.
Aunque algunos indicadores de agosto y septiembre, como la demanda de electricidad y la recaudación impositiva, mostraron leves señales de repunte, la cautela predomina entre los analistas. Las expectativas de crecimiento para 2026 fueron revisadas drásticamente a la baja, lo que subraya la persistencia de desafíos estructurales y la combinación de shocks puntuales con una debilidad de la demanda interna que ya venía de arrastre. La recuperación dependerá de si estas señales de rebote logran consolidarse en los próximos meses.
Fuente original: Infobae




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