Aunque muchos la asocian únicamente con la tranquilidad y el contacto con la naturaleza, la jardinería esconde un potencial físico que va mucho más allá del bienestar emocional. Tareas cotidianas como cavar la tierra, levantar bolsas de sustrato, rastrillar hojas o arrancar malezas implican movimientos que demandan fuerza, coordinación y resistencia, transformándose en una parte efectiva de una rutina de actividad física.
De hecho, la Asociación Americana del Corazón ya la considera una actividad de intensidad moderada. Gary L. Altman, experto de la Universidad de Rutgers, destaca que el trabajo en el jardín puede incorporar los cuatro pilares del ejercicio: resistencia, fuerza, equilibrio y flexibilidad. Según Altman, la jardinería es un ejercicio integral que activa los principales grupos musculares, incluyendo piernas, glúteos, espalda, abdomen, cuello, brazos y hombros.
Los beneficios para la salud son variados. Un estudio de la Universidad de Arkansas, que involucró a más de 3000 mujeres mayores de 50 años, encontró que aquellas que realizaban jardinería al menos una vez por semana presentaban una mayor densidad mineral ósea en comparación con las sedentarias y otros grupos que realizaban diferentes actividades físicas. Además, el control de peso también figura entre las ventajas; la especialista en nutrición Melina Jampolis sugiere que la jardinería no solo quema calorías, sino que también reduce el estrés y nos mantiene alejados de la cocina, donde a menudo comemos por aburrimiento.
Por otro lado, Ann Kulze, experta en bienestar, señala que cultivar frutas, verduras y hierbas propias incentiva directamente el consumo de alimentos frescos y saludables. Para maximizar el impacto físico, Jeffrey Restuccio, autor de libros sobre jardinería aeróbica, propone incorporar principios del entrenamiento. Sugiere ampliar el rango de movimiento al rastrillar, involucrar los músculos grandes de las piernas y glúteos, y alternar los lados del cuerpo para distribuir el esfuerzo. Incluso recomienda estructurar ciertas tareas en repeticiones y series, con pausas, siempre adaptando la intensidad a la condición física de cada uno.
Así, cuidar el jardín se convierte en una excelente oportunidad para mantenerse en movimiento, disfrutar del aire libre y cosechar beneficios tanto físicos como mentales, transformando un pasatiempo en una verdadera rutina de bienestar integral.
Fuente original: Clarín



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