Antes de que Amazon se convirtiera en el gigante tecnológico que es hoy, su fundador, Jeff Bezos, tenía una visión clara sobre el motor principal de su empresa: las personas. Para Bezos, el éxito o el fracaso de su ambicioso proyecto dependía directamente de la calidad y el espíritu de sus empleados. Ya en 1998, en una de sus cartas a los accionistas, el empresario estadounidense dejó en claro cuáles eran los pilares de su estrategia de contratación.
El magnate tecnológico estableció tres preguntas fundamentales que cada gerente debía hacerse antes de sumar a alguien al equipo. Primero, «¿Admirás a esta persona?». Segundo, «¿Esta persona va a elevar el nivel promedio de eficacia del grupo?». Y finalmente, «¿En qué área podría esta persona convertirse en una verdadera superestrella?». Estas interrogantes no eran caprichosas; reflejaban una profunda convicción sobre el valor del talento y la sinergia en el ambiente laboral.
Lo más sorprendente es que estas tres preguntas tienen un eco directo en la sabiduría de un pensador que vivió hace dos mil años: el filósofo romano Séneca. Él sostenía una idea simple pero poderosa: «Rodéate de aquellos que te ayudarán a ser mejor persona. Acoge a aquellos a quienes tú mismo puedes mejorar». Una frase que, a la luz de la estrategia de Bezos, cobra una relevancia inesperada en el mundo empresarial moderno.
La influencia de las personas que nos rodean es innegable. Nuestros amigos, familiares, colegas e incluso aquellos a quienes seguimos en redes sociales pueden, consciente o inconscientemente, moldear nuestra forma de pensar, nuestros hábitos y hasta nuestras metas. Séneca nos invita no solo a buscar a quienes nos inspiren, sino también a aquellos a quienes nosotros podemos aportar algo, transformando la relación en un intercambio enriquecedor.
Esta segunda parte del consejo es crucial, ya que convierte la estrategia en una concepción mucho más equilibrada de las relaciones y el aprendizaje. Séneca, quien nació en Córdoba (actual España) en el año 4 a.C. y murió en Roma en el 65 d.C., creía firmemente que enseñar también es una forma de aprender. Su legado filosófico, plasmado en obras como «Cartas morales a Lucilio», sigue ofreciendo valiosas lecciones sobre la vida, el trabajo y las relaciones humanas que, como vemos, aún resuenan en la cúspide del éxito empresarial.
Fuente original: Clarín


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