En el mundo de los lectores, hay un debate que resurge una y otra vez: ¿se prestan los libros o es mejor regalarlos? La postura más purista, a menudo vista en redes sociales, sugiere que si uno realmente desea compartir una obra, debería comprar una copia nueva. Sin embargo, para muchos, el acto de prestar va mucho más allá de una simple transacción. Implica una entrega íntima, compartir una parte de uno mismo a través de una historia que ya ha sido vivida y sentida por el prestamista, y que ahora se resignifica en manos de otro.

Esta profunda conexión se hizo evidente para una escritora durante un momento crucial de su vida. Tras una dolorosa pérdida, enfrentaba un nuevo embarazo de alto riesgo, sumida en el miedo y la incertidumbre. Su obstetra, una mujer con un carácter fuerte pero a la vez cariñosa y una ávida lectora de clásicos, le había indicado reposo absoluto y, en cada consulta, le recomendaba

Fuente original: Clarín