El estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero fue el escenario de una nueva y explosiva polémica en el fútbol argentino, que dejó en segundo plano la coronación de Rosario Central en la Supercopa. Tras el controvertido encuentro frente a Estudiantes de La Plata, el presidente del club platense, Juan Sebastián Verón, no dudó en denunciar públicamente lo que consideró un «robo» y un «maltrato» hacia los hinchas de su equipo, apuntando directamente a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y su presidente, Claudio «Chiqui» Tapia.

La «Bruja» Verón manifestó su indignación por el arbitraje de Darío Herrera, al que calificó de «bochornoso», y por el trato que recibieron los simpatizantes de Estudiantes. Según las quejas del club, no solo se demoró su ingreso a la provincia, sino que también hubo represión por parte de la Policía local y «privilegios» evidentes para la parcialidad de Rosario Central. En un mensaje contundente, Verón afirmó estar convencido de que «todo estuvo armado» y que la situación fue una «puesta en escena ridícula». Incluso, se comunicó con la ministra de Seguridad de la Nación para expresar su malestar y evaluar un reclamo formal.

El conflicto va más allá de un partido. La Supercopa expuso una vez más la profunda división que atraviesa la AFA. De un lado, se encuentra Gonzalo Belloso, presidente de Rosario Central y figura cercana a Tapia, quien incluso recordó públicamente la «ayuda» recibida para sanear las deudas del club. Del otro, Juan Sebastián Verón, un dirigente que ha mantenido una postura crítica hacia la conducción de la AFA por sus decisiones en los campeonatos y el manejo discrecional de los árbitros, bajo la órbita de Federico Beligoy.

La tensión alcanzó su punto máximo cuando «Chiqui» Tapia no apareció para entregar las medallas a los jugadores de Estudiantes, optando por celebrar exclusivamente con el plantel rosarino, incluyendo un abrazo especial con Ángel Di María. Este gesto, sumado a las declaraciones cruzadas y las acusaciones de parcialidad, refuerza la imagen de una AFA dividida y sumida en internas políticas, donde el fútbol de Santiago del Estero se convirtió, una vez más, en el epicentro de un escándalo que promete seguir dando que hablar en el ámbito deportivo nacional.

Fuente original: Clarín