Un momento de profunda emoción se vivió durante la vuelta de honor del Gran Premio de España de Fórmula 1, cuando el piloto argentino Franco Colapinto recibió una bandera de su país de manos de un comisario deportivo. Este gesto, que el propio Colapinto destacó en sus redes sociales, reveló la conmovedora historia de Gabriel Andrijciw, un mendocino de 56 años que, tras 26 años de residencia en España, cumplió el sueño de todo un país.

Gabriel relató que su llegada a España en el año 2000, junto a su esposa e hijas, estuvo motivada por la difícil situación económica que atravesaba Argentina, previo a la crisis de 2001. Aunque en Mendoza trabajaba en una embotelladora, los ingresos no eran suficientes. Impulsado por un hermano que ya residía en el país europeo, Gabriel decidió probar suerte y, desde entonces, se desempeñó en diversos rubros, desde mudanzas y camionero hasta su actual puesto como coordinador logístico.

A pesar de la distancia, Andrijciw siempre buscó mantener viva su conexión con Argentina, encontrando en el automovilismo una vía para ello. Su pasión por los motores lo llevó a formarse como comisario deportivo, comenzando en el Autódromo de Jarama y escalando hasta participar en eventos de primer nivel como Moto GP, Fórmula E y, finalmente, la Fórmula 1. Este fin de semana en Barcelona marcó su debut en la máxima categoría, donde incluso le tocó asistir en incidentes de pilotos reconocidos como Lewis Hamilton.

El instante de la entrega de la bandera superó todas sus expectativas. Gabriel, quien había llevado la bandera en un viaje a Argentina en 2011, solo aspiraba a que Colapinto lo viera y lo saludara, como un gesto de apoyo y cariño de un compatriota en el extranjero. Sin embargo, para su sorpresa, Colapinto lo divisó, detuvo su marcha y le pidió la bandera. “Ni en una película soñaba esto”, confesó emocionado Andrijciw, destacando que la bandera “cumplió su cometido” al flamear en el circuito de la mano de un ídolo nacional.

Luego del Gran Premio, Franco Colapinto agradeció públicamente a Gabriel en Instagram, compartiendo una foto que su hija Sofía se encargó de difundir. Aunque no hubo más contacto debido a la apretada agenda, Gabriel expresó su orgullo y humildad. Su historia se ha convertido en un símbolo de la pasión argentina y la conexión inquebrantable que une a nuestros deportistas con su gente, sin importar la distancia.

Fuente original: Infobae