Columna del CP Alejandro Montes Palmas. Una plataforma vinculada supuestamente con proyectos de energía renovable comenzó a difundirse en Santiago del Estero. Ofrece ganancias extraordinarias, niveles y recompensas por incorporar nuevos participantes. ¿Cómo reconocer los riesgos antes de transferir dinero?

En las últimas semanas comenzó a circular con fuerza una plataforma denominada GSFAR, presentada en redes sociales como “GenSolar Finanzas AR”.

La propuesta se promociona como una alternativa de inversión relacionada con proyectos de energía solar y eólica. Sus publicaciones utilizan imágenes de paneles solares, aerogeneradores, innovación tecnológica y cuidado del ambiente.

Pero detrás de esa presentación aparecen promesas que deberían encender inmediatamente una señal de alerta.

Entre los productos difundidos se encuentra un plan que propone invertir $10.000 para recibir un total de $20.000 en 10 días. También se ofrece invertir $30.000 para obtener $60.000 en 20 días y aportar $50.000 para alcanzar un ingreso total de $105.000 en 30 días.

En términos sencillos, promete duplicar o más que duplicar el dinero en períodos extremadamente breves.

Cuando la ganancia parece demasiado buena

Toda inversión debe explicar de dónde proviene su rentabilidad.

Cuando depositamos dinero en un plazo fijo, compramos un bono, participamos en un fondo común de inversión o adquirimos acciones, existe un instrumento, una entidad identificable y una actividad económica detrás de esa operación.

Además, sabemos —o deberíamos saber— que invertir siempre implica algún nivel de riesgo.

Por eso, cuando una plataforma promete ganancias extraordinarias, rápidas y aparentemente garantizadas, debemos detenernos antes de transferir.

No alcanza con mostrar fotografías de paneles solares o parques eólicos. Para evaluar una propuesta deberían poder comprobarse, entre otras cosas, la existencia de la empresa, sus autoridades, su domicilio, su CUIT, los contratos relacionados con los proyectos y la documentación que explique cómo se generan los rendimientos ofrecidos.

También corresponde verificar si la entidad se encuentra autorizada para realizar oferta pública de inversiones o captar fondos de terceros.

Al momento de las advertencias difundidas públicamente, no pudo verificarse que GSFAR figurara como operador autorizado ante la Comisión Nacional de Valores.

“Yo estoy cobrando”: ¿eso demuestra que funciona?

Frente a las advertencias sobre este tipo de plataformas suele aparecer una respuesta inmediata:

“A mí me está pagando”.

Es posible que algunos participantes estén cobrando actualmente. Sin embargo, eso no demuestra que la inversión sea legítima ni que pueda sostenerse en el tiempo.

Los esquemas Ponzi necesitan pagar durante su etapa inicial.

Los primeros participantes reciben dinero, muestran sus comprobantes y cuentan su experiencia. Esos testimonios generan confianza y atraen a nuevas personas.

Si los rendimientos no provienen de una actividad económica real, el dinero de quienes ingresan después puede utilizarse para pagarles a quienes entraron primero.

Mientras continúan incorporándose participantes, el sistema puede aparentar un funcionamiento normal. El problema surge cuando disminuye el ingreso de nuevos aportes o una gran cantidad de personas intenta retirar su dinero al mismo tiempo.

Entonces pueden comenzar los supuestos mantenimientos, las demoras administrativas, las modificaciones de condiciones, los bloqueos o los pedidos de nuevos depósitos para “habilitar” o “liberar” los retiros.

Que una aplicación muestre una ganancia en la pantalla tampoco significa necesariamente que ese dinero se encuentre disponible. Un saldo digital solo adquiere valor real cuando puede retirarse libremente.

El sistema de niveles y referidos

Las capturas difundidas por los propios participantes muestran que GSFAR posee niveles identificados desde GP0 hasta GP8.

Esos niveles se actualizan según la cantidad de inversores incorporados. Para llegar a GP1 se necesitan entre tres y siete invitados; para alcanzar GP2, entre ocho y catorce; y los niveles continúan creciendo hasta exigir ochenta o más participantes.

La plataforma también ofrece comisiones por las compras realizadas por personas invitadas y promociones que prometen premios por incorporar nuevos miembros.

Esta estructura presenta características propias de un sistema piramidal, porque una parte importante de los beneficios depende del reclutamiento y del crecimiento constante de la red.

Aunque muchas veces se utilizan como sinónimos, un esquema piramidal y un esquema Ponzi no son exactamente lo mismo.

En una estructura piramidal, los participantes reciben incentivos por incorporar nuevos miembros. En un esquema Ponzi, los pagos prometidos a los primeros inversores se sostienen con el dinero aportado por quienes ingresan después.

Una misma plataforma puede reunir características de ambos modelos.

Una aplicación no convierte a una inversión en legítima

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que una inversión es segura porque posee una aplicación, una página web, atención mediante WhatsApp o grupos de Telegram.

Hoy es relativamente sencillo crear una plataforma que muestre saldos, ganancias diarias, niveles, premios y movimientos internos.

La apariencia profesional puede generar confianza, pero no reemplaza la documentación legal, la autorización correspondiente ni la demostración de una actividad económica real.

El Departamento Cibercrimen de la Policía del Chaco emitió una alerta preventiva vinculada específicamente con GSFAR.

Entre las señales señaladas por el organismo se encuentran las promesas de ganancias elevadas o rápidas, las oportunidades disponibles por tiempo limitado, los incentivos para depositar dinero, los sistemas de niveles o membresías, los grupos privados y la imposibilidad de verificar claramente a la empresa, sus responsables o la actividad que genera los ingresos.

La advertencia también recuerda algo fundamental: la sola existencia de una aplicación, una página web o un grupo de WhatsApp o Telegram no garantiza que una inversión sea legítima.

¿Qué debemos verificar antes de transferir?

Antes de entregar dinero resulta necesario responder algunas preguntas básicas:

¿Quién recibe la transferencia?

¿Cuál es la empresa responsable?

¿Existe una razón social y un CUIT verificable?

¿Quiénes son sus autoridades?

¿Dónde funcionan los proyectos que supuestamente generan la rentabilidad?

¿Existen contratos, balances o documentación respaldatoria?

¿La entidad está autorizada por la Comisión Nacional de Valores?

¿Puede explicar razonablemente cómo obtiene suficiente rentabilidad para duplicar el dinero en pocos días?

Si estas preguntas no tienen respuestas claras y comprobables, no deberíamos realizar la transferencia.

Tampoco debemos invertir por presión, por miedo a “perder la oportunidad” o solamente porque un amigo o familiar nos asegura que está cobrando.

Probablemente esa persona también actúe de buena fe y crea que encontró una inversión rentable. Pero la confianza personal no reemplaza la verificación.

¿Qué hacer si ya invertiste?

Si una persona ya entregó dinero, debe evitar tomar nuevas decisiones impulsivas para intentar recuperar lo aportado.

No debería realizar depósitos adicionales si le solicitan dinero para habilitar retiros, pagar supuestos impuestos, aumentar de nivel o liberar la cuenta.

También es importante no incorporar a familiares o amigos para recuperar lo invertido. Esa decisión puede trasladar el riesgo económico a personas cercanas.

Se deben conservar capturas de pantalla, comprobantes de transferencias, enlaces, números telefónicos, conversaciones, códigos de usuario y datos de las cuentas o billeteras que recibieron el dinero.

Si existen dificultades para retirar, cambios repentinos en las condiciones o pedidos de nuevos pagos, corresponde preservar toda la evidencia y buscar asesoramiento para realizar la denuncia.

Una pregunta que puede proteger nuestros ahorros

En educación financiera solemos hablar de presupuesto, ahorro, inversiones y administración de gastos.

Pero antes de intentar ganar dinero, debemos aprender a proteger el que ya tenemos.

Las estafas financieras no siempre se presentan como negocios improvisados. Pueden utilizar aplicaciones modernas, reuniones, celebraciones, testimonios de conocidos y discursos relacionados con tecnología, innovación o sustentabilidad.

Por eso, frente a una propuesta que promete rendimientos extraordinarios, la pregunta más importante no es cuánto podemos ganar.

La pregunta es: ¿de dónde sale el dinero con el que aseguran que van a pagarnos?

Si la respuesta no es clara, verificable y coherente, lo más prudente es detenerse.

CP Alejandro Javier Montes Palmas
Contador Público | Educación Financiera