¿Alguna vez te preguntaste por qué, a pesar de dormir las ocho horas recomendadas, el cansancio persiste? La respuesta, según los especialistas, no radica en buscar una hora «ideal» universal para acostarse, sino en la consistencia y en escuchar el propio ritmo biológico. Un informe reciente desmiente el mito de que existe un momento perfecto para ir a la cama si queremos despertar llenos de energía.

Expertos en sueño coinciden en que el horario más adecuado para cada persona está dictado por su reloj interno, conocido como ritmo circadiano. El psicólogo Eric Zhou, especialista en la materia, explica que mientras algunos individuos rinden mejor con horarios tempranos –las llamadas «alondras»–, otros, los «búhos», se sienten más cómodos acostándose tarde y despertando más avanzada la mañana. La clave, entonces, no es copiar hábitos ajenos, sino encontrar la rutina que mejor se adapte a cada cuerpo.

La médica Nishi Bhopal sugiere un enfoque práctico: calcular la hora de acostarse en función de cuándo necesitamos levantarnos. Para la mayoría de los adultos, se recomienda un rango de entre siete y nueve horas de sueño por noche. Esta franja, sostenida con regularidad, es la que suele ofrecer las mejores condiciones para mantener la energía, la concentración y el rendimiento diario. La consistencia en el horario de sueño es, de hecho, uno de los factores más influyentes para conservar la vitalidad, ya que el cerebro responde favorablemente a la regularidad.

Pero no solo la cantidad importa, la calidad del descanso es fundamental. Despertarse varias veces durante la noche o sentir fatiga a pesar de haber dormido lo suficiente pueden ser señales de un problema de sueño de baja calidad. Si bien es normal despertarse brevemente para ir al baño, los episodios de insomnio prolongados o los despertares frecuentes son indicadores de que algo no anda bien.

Además, los especialistas advierten sobre las «compensaciones». Intentar recuperar el sueño perdido con siestas muy largas o dormir de más los fines de semana puede generar más desorden que beneficio. El cuerpo funciona mejor con un patrón de sueño estable, con variaciones mínimas –no más de 30 minutos– entre una noche y otra. La privación de sueño, incluso la acumulada en noches cortas sucesivas, puede deteriorar progresivamente el rendimiento.

Para optimizar el descanso, se aconseja evitar la cafeína entre seis y ocho horas antes de dormir, y la nicotina en las dos horas previas. Limitar el uso de pantallas como el celular por la noche también es crucial, dado que la luz azul afecta la conciliación del sueño. La exposición a la luz natural por la mañana y la actividad física regular son hábitos diurnos que contribuyen significativamente a una mejor calidad de descanso.

Finalmente, si a pesar de mantener hábitos saludables y horarios constantes, el cansancio persiste, los expertos recomiendan consultar a un médico especialista en sueño. La fatiga crónica o la somnolencia diurna persistente pueden ser síntomas de un trastorno subyacente que requiere atención profesional.

Fuente original: Infobae