Desde la pintoresca Epuyén, Chubut, Rebeca Fideleff, de 54 años, se ha convertido en la cara visible de un debate trascendental en Argentina: el derecho a la eutanasia. Tras cinco años de una dura batalla contra un cáncer agresivo y múltiples metástasis, Rebeca no solo enfrenta su enfermedad con coraje, sino que también impulsa una petición nacional para que quienes padecen enfermedades terminales puedan elegir un final digno y sin sufrimiento.
La historia de Rebeca es la de una mujer activa y sana que, de repente, se vio inmersa en un calvario oncológico. El cáncer, que comenzó en el colon, se ha extendido a otros órganos. Ha pasado por 36 ciclos de quimioterapia y cuatro cirugías, la última de las cuales, en marzo de este año, no arrojó los resultados esperados. “Me abrieron y me cerraron”, relata con ironía, consciente de que sus metástasis ya no tienen cura, aunque no pierde la esperanza en los tratamientos paliativos que aún puede recibir.
Fue este recorrido de dolor y la observación del sufrimiento de otros pacientes lo que llevó a Rebeca a reflexionar sobre la muerte digna. A través de su página de Facebook “Rebe y su mundo oncológico”, donde comparte su proceso, comenzó a postear sobre la eutanasia. En abril, lanzó una petición en Change.org que ya superó las 28.000 firmas, exigiendo la legalización de esta práctica en el país. Su objetivo es claro: “Mi lucha es para que, cuando el dolor invada mi cuerpo, no tenga que sufrir hasta el final”.
Actualmente, la ley argentina 26.742 permite la limitación de tratamientos y las directivas anticipadas, pero no aprueba la acción directa de causar la muerte. Rebeca, quien vio a su propio padre agonizar a causa de un cáncer fulminante, anhela una normativa que ofrezca una opción compasiva a quienes, tras un prolongado sufrimiento, desean poner fin a una agonía sin solución. Su iniciativa cobra fuerza en el Congreso, donde el diputado Esteban Paulón (Provincias Unidas) presentó un proyecto de ley sobre eutanasia que podría cambiar la vida de muchos, incluida la de Rebeca.
A pesar del dolor constante, las náuseas y la «panza revuelta», Rebeca sigue nadando y encuentra consuelo en sus hijos y sus dos perros, Minú y Papini. Aunque no le molesta que se hable de «lucha» contra la enfermedad, prefiere no usar la frase «perdió la batalla contra el cáncer», ya que sabe que el cáncer metastásico no se «gana». Con una mezcla de realismo y esperanza, Rebeca Fideleff se siente hoy una activista por su enfermedad y una «luchadora por derechos», buscando paz en medio de su «guerra».
Fuente original: La Nación



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