Me niego a hablar de la “Era de la IA ” pero hoy toca ponerla por un momento en el centro y desplazar al sujeto para, casualmente, hablar del sujeto trabajador. ¿Qué conocimientos serán escasos cuando la respuesta técnica sea abundante? ¿Qué debería aprender un junior o un pasante?

Vuelvo a la metáfora central: hoy cualquier trabajador tiene en su pantalla a la mejor orquesta del mundo. Tenés a la Filarmónica de Berlín esperando que la hagas sonar (en el buen sentido). Pero la IA solo pone los instrumentos y la velocidad; si el director no tiene oído ni criterio, esa orquesta solo producirá ruido. Pasamos de ejecutantes a Directores de Orquesta de nuestro propio laburo.

Peeeeero nadie nace director. Antes tuviste que pasar diez años desafinando con el violín, sacándote ampollas y aprendiendo del tropiezo.

¿De dónde saldrán los directores de mañana si hoy nadie (el jefe) ni nada (la IA) les deja tocar notas desafinadas en los ensayos?

Ya conté esta anécdota pero vale repetirla. Una madre angustiada me dijo:

—Fede, mi hija de 17 años, soñó siempre con ser médica. Y el otro día me dice: “Mamá, no voy a estudiar medicina; para cuando me reciba, la IA será mejor médica que yo”.

Ningún algoritmo mirará a los ojos a un paciente con miedo, ni sostendrá una mano en la guardia, ni sentirá la angustia moral de una decisión límite. El futuro no es de computadoras solas; pertenece a mejores médicos usando la IA.

Pero para tener criterio, antes hay que palpar abdómenes, errar suturas y escuchar mil corazones sanos para reconocer al que falla. Si el software te da el diagnóstico servido, no sos médica: sos operadora de pantallas.

El día de mañana no habrá IA siendo médicos sino mejores médicos usando IA. Y así llevalo a tu trabajo y quedate tranquilo… ponele, ja.

En los ochenta, Stuart y Hubert Dreyfus (UC Berkeley) explicaron cómo adquirimos maestría en cinco escalones: Novato (sigue reglas fijas), Principiante (reconoce patrones), Competente (el paso decisivo: decide bajo incertidumbre y asume errores), Proficiente (visión holística) y Experto (criterio e intuición fluida).

¿La Trampa del Aprendiz? Que la IA simula el nivel de Experto. El ingresante le pide una tarea al modelo, copia el resultado y lo entrega en minutos.

Parece magia, pero se salteó los escalones del medio. Es un principiante con esteroides: si el algoritmo alucina, no tiene defensas porque nunca transpiró construyendo un argumento.

En 1983, Lisanne Bainbridge publicó Las Ironías de la Automatización. Su tesis fue profética: cuanto más confiable es un sistema automático, menos práctica manual acumulan los humanos. Miran pasivamente el 99% del tiempo, pero deben intervenir cuando la máquina falla.

La aviación lo sufrió en la tragedia del vuelo Air France 447 en 2009: al congelarse los sensores en una tormenta, la tripulación, desacostumbrada al vuelo manual en altura, no supo interpretar los instrumentos básicos y perdió el control.

Por eso, en 2016, la Armada de EE.UU. volvió a enseñar navegación con sextante de bronce y tablas de papel: si no sabés leer las estrellas con las manos al cortarse la señal, sos un rehén de la pantalla.

En las empresas pasa exactamente lo mismo. El dilema no está en el joven que aprovecha la herramienta: la verdadera responsabilidad es de los que peinamos canas y, atolondrados por la vorágine diaria, festejamos que la máquina resuelva todo para sacarnos de encima el trabajo de formar.

Si los seniors no nos hacemos el tiempo para ser senseis —como el señor Miyagi enseñándole a Daniel LaRusso que encerar autos era la base oculta para aprender karate—, rompemos la transmisión viva del oficio. En cinco años no tendremos a quién pasarle la posta, y los más jóvenes quedarán desamparados: con títulos rimbombantes pero huérfanos de criterio.

La IA no vino a jubilar al aprendiz ni a reemplazar al maestro: vino a despejar la mesa para que ambos puedan encontrarse en lo importante. Cuando la máquina absorbe la rutina mecánica, le devuelve al maestro el tiempo sagrado de mentorear y le regala al joven un andamio para acelerar su vuelo sin perder el cable a tierra.

Fuente original: La Gaceta

Fuente original: La Gaceta