La falla de San Andrés , una de las estructuras tectónicas más estudiadas del planeta, volvió a quedar en el centro de la atención científica por un hallazgo que reavivó el temor al denominado “Big One”, el gran terremoto que podría afectar a California.

Una investigación sobre el sistema de fallas del sur de California determinó que la acumulación de tensión tectónica alcanzó uno de sus niveles más elevados de los últimos 1.000 años. El dato no significa que exista una fecha prevista para un gran terremoto, pero sí vuelve a poner el foco sobre el riesgo sísmico de una región densamente poblada.

La preocupación se concentra especialmente en la interacción entre la falla de San Andrés y la falla de San Jacinto. Según el análisis de la geofísica Liliane Burkhard, de la Universidad de Berna, el área de Cajon Pass puede funcionar como una especie de “puerta sísmica”, capaz de limitar o facilitar la propagación de una ruptura entre ambas estructuras.

En un escenario extremo, una ruptura podría conectar los dos sistemas de fallas y generar un terremoto de magnitud 7,5, con consecuencias potencialmente graves para California

El término “Big One” se utiliza para describir un hipotético gran terremoto en California provocado por la ruptura de un segmento importante de la falla de San Andrés u otras fallas asociadas.

La falla atraviesa California y marca el límite entre las placas tectónicas del Pacífico y Norteamericana. Su actividad acumulada convierte a la región en una de las zonas sísmicas más vigiladas de Estados Unidos.

Sin embargo, el aumento de la tensión tectónica no permite predecir cuándo ocurrirá un terremoto. Los científicos pueden estimar probabilidades y analizar el comportamiento de las fallas, pero actualmente no existe un método capaz de determinar con precisión el día, la hora o el lugar exacto de un gran sismo.

La actividad sísmica es permanente. De acuerdo con datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), cada año se registran en el planeta más de 500.000 sismos, aunque la mayoría son demasiado pequeños para ser percibidos por la población.

Alrededor de 67.000 terremotos superan la magnitud 3, lo que equivale a unos 185 movimientos de este tipo por día. En cambio, los terremotos de gran magnitud son mucho menos frecuentes.

En promedio, se producen unos 15 terremotos por año de magnitud 7 o superior, mientras que aproximadamente uno alcanza o supera la magnitud 8.

La diferencia entre la cantidad de sismos registrados y los grandes terremotos permite dimensionar el fenómeno: la mayoría de los movimientos sísmicos no provoca daños importantes.

Uno de los principales factores que determina el impacto de un terremoto es la vulnerabilidad de las construcciones.

Los especialistas advierten que los daños pueden multiplicarse cuando un terremoto afecta zonas con infraestructura antigua, edificios sin diseño sismorresistente o construcciones levantadas sin controles técnicos adecuados.

California cuenta con estrictas normas de construcción y distintos programas destinados a reducir los riesgos asociados a los terremotos. Entre ellos se encuentran obras de refuerzo de infraestructura crítica y sistemas de monitoreo y alerta temprana.

El hallazgo sobre la acumulación de tensión en la falla de San Andrés no significa que el “Big One” sea inminente.

La tensión tectónica es uno de los elementos que los científicos utilizan para evaluar el comportamiento de una falla, pero no existe evidencia científica que permita establecer una fecha para el próximo gran terremoto de California.

Por eso, más que anticipar un desastre, los estudios buscan comprender cómo se acumula y libera la energía en las fallas para mejorar los mapas de riesgo, las normas de construcción y los sistemas de prevención.

La investigación también podría aportar información para estudiar otras regiones sísmicamente activas del mundo, como Turquía, Nepal y Nueva Zelanda, donde la interacción entre diferentes estructuras tectónicas también representa un riesgo.

Fuente original: La Gaceta

Fuente original: La Gaceta