Los recientes terremotos registrados en Perú y Colombia volvieron a poner el foco sobre una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta: el denominado “Anillo de Fuego” del Pacífico. El fenómeno no es un anillo propiamente dicho, sino una extensa franja que rodea al océano Pacífico y concentra una gran cantidad de terremotos y volcanes.
El 20 de agosto de 2026, un fuerte terremoto sacudió el sur de Perú. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró una magnitud de 6,7, con epicentro ubicado a unos 38 kilómetros al noroeste de Upahuacho, en la región de Ayacucho, y a una profundidad de aproximadamente 67 kilómetros.
El Instituto Geofísico del Perú (IGP), en tanto, informó inicialmente una magnitud de 7,2, una diferencia que responde a las mediciones y metodologías de cada organismo. El movimiento fue percibido en distintas regiones del país y provocó daños en viviendas e infraestructura.
El sismo ocurrió pocos días después del terremoto que golpeó a Colombia el 10 de agosto, que tuvo una magnitud de 7,4, según el Servicio Geológico Colombiano. El epicentro se ubicó cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, a unos 103 kilómetros de profundidad.
El Anillo de Fuego del Pacífico es una zona que se extiende alrededor de los bordes del océano Pacífico y coincide con numerosas fronteras entre placas tectónicas. Allí se concentra una parte importante de la actividad sísmica y volcánica del planeta. El USGS lo define como la zona sísmica y volcánica más activa del mundo.
La explicación está en el movimiento permanente de las placas tectónicas. Estas grandes porciones de la corteza terrestre se desplazan lentamente y, en sus límites, pueden interactuar de distintas maneras.
Uno de los procesos fundamentales en el Anillo de Fuego es la subducción: una placa, generalmente oceánica, se introduce por debajo de otra. Ese movimiento puede generar grandes acumulaciones de tensión que, cuando se liberan de manera brusca, producen terremotos.
La región también está asociada con numerosas cadenas de volcanes y fosas oceánicas. Por eso, el Anillo de Fuego no representa una única falla geológica, sino un conjunto de zonas tectónicamente activas.
Los terremotos no se distribuyen al azar sobre la superficie terrestre. Se concentran especialmente en los límites de las placas tectónicas, donde el movimiento entre ellas genera esfuerzos que pueden terminar provocando rupturas y desplazamientos.
De acuerdo con el USGS, alrededor del 81% de los mayores terremotos del mundo se producen en el denominado cinturón sísmico circumpacífico, conocido como Anillo de Fuego.
La costa occidental de Sudamérica forma parte de este sistema tectónico. Allí, la interacción entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana está vinculada con la intensa actividad sísmica de países como Perú y Chile.
Por este motivo, los grandes terremotos que afectan a Perú no son hechos aislados dentro del contexto geológico de la región.
El terremoto registrado en Ayacucho se produjo en una zona donde existe una intensa actividad tectónica relacionada con la interacción de las placas de Nazca y Sudamericana.
La profundidad del sismo también fue un factor relevante. Según el USGS, el movimiento tuvo una profundidad cercana a los 67 kilómetros, mientras que el IGP informó una profundidad diferente. La profundidad de un terremoto es uno de los elementos que permite analizar cómo puede sentirse el movimiento en superficie y cuál puede ser su impacto.
El episodio volvió a recordar que Perú se encuentra dentro de una de las regiones sísmicamente más activas del planeta.
El terremoto colombiano del 10 de agosto de 2026 también ocurrió en una región de elevada actividad tectónica. El Servicio Geológico Colombiano ubicó el epicentro cerca de San José del Palmar, en Chocó, y estableció una profundidad de unos 103 kilómetros.
El movimiento provocó graves consecuencias. Una semana después, UNICEF reportó 289 personas fallecidas, 4.187 heridas, 143 desaparecidas y más de 26.000 viviendas destruidas, además de más de 185.000 personas damnificadas.
Colombia presenta una configuración tectónica particularmente compleja, con la interacción de distintas placas y estructuras geológicas. Por eso también registra una importante actividad sísmica.
Fuente original: La Gaceta
Fuente original: La Gaceta





Deja una respuesta