La célebre escritora británica Jane Austen, autora de clásicos como «Orgullo y Prejuicio», falleció en 1817 a la temprana edad de 41 años. Sin embargo, más de dos siglos después, la causa exacta de su muerte sigue siendo un misterio sin resolver, un enigma que intriga a historiadores, biógrafos y admiradores de su obra. Las descripciones de su enfermedad en la época eran vagas, utilizando términos como «consunción» o «declive», lo que complicó cualquier intento de diagnóstico concluyente.

El principal obstáculo para desentrañar este secreto radica en la escasez de registros médicos claros y la lamentable destrucción de gran parte de su correspondencia personal. Se estima que Austen escribió alrededor de 3.000 cartas, de las cuales solo sobreviven unas 160, muchas de ellas editadas por su hermana Cassandra o por terceros. Este vacío documental, sumado al limitado conocimiento médico de principios del siglo XIX –cuando los tratamientos eran rudimentarios y no existían ni antisépticos ni antibióticos–, dejó un amplio terreno para las especulaciones.

A lo largo de los años, surgieron diversas teorías sobre la posible causa de su deceso. En 2011, la novelista policial Lindsay Ashford sugirió un posible envenenamiento por arsénico, basándose en una descripción de Austen sobre su aspecto «negro y blanco» y un mechón de cabello de la autora que dio positivo a la sustancia. No obstante, esta hipótesis fue relativizada por académicos como Janet Todd, quien señaló que muchos remedios de la época contenían arsénico. Otras explicaciones incluyeron la enfermedad de Addison, propuesta en 1964 por Zachary Cope, aunque esta perdió fuerza por no encajar con el prolongado período de enfermedad de Austen.

Con el tiempo, otras teorías cobraron mayor peso entre especialistas. Algunos sostienen que la escritora pudo haber padecido linfoma de Hodgkin, una hipótesis defendida por la periodista Claire Tomalin y la profesora Annette Upfal, apoyándose en las fiebres periódicas descritas por Austen y el lento avance de su enfermedad. Más recientemente, en 2022, el cirujano retirado Michael Sanders propuso el lupus eritematoso sistémico como causa, argumentando que los síntomas de fatiga, dolor articular y problemas cutáneos presentes en las cartas de Austen son compatibles con esta enfermedad autoinmune crónica.

Aunque el debate sigue abierto, lo cierto es que la falta de una autopsia, la imprecisión de los registros médicos y la quema de cartas por parte de Cassandra –quizás para proteger la imagen pública de su hermana o su privacidad, más que para ocultar una causa específica–, impidieron llegar a una conclusión definitiva. El misterio de la muerte de Jane Austen, por lo tanto, continúa siendo uno de los grandes enigmas de la historia de la literatura mundial.

Fuente original: Infobae