Productores y especialistas de Argentina y Brasil encienden las alarmas ante una problemática creciente en los cultivos de maíz: la resistencia del «gusano cogollero» (Spodoptera frugiperda) a la tecnología Vip3A. Este desafío, que amenaza la productividad agrícola, fue analizado por los entomólogos Celso Omoto, de la Universidad de São Paulo, y Gabriela Murúa, del Instituto de Bioprospección y Fisiología Vegetal. Ambos coinciden en que la solución requiere de una acción coordinada y adaptada a las particularidades de cada región productiva, sintetizando la situación con una frase contundente: «El problema no son las plagas, somos nosotros».
El debate central gira en torno al origen de esta resistencia en Argentina, con la incógnita de si llegó desde Brasil o se desarrolló localmente. Omoto destacó la experiencia brasileña, que lleva más de una década lidiando con esta situación, como un antecedente crucial para definir estrategias en nuestro país. «El manejo integral de plagas no funciona de forma aislada», enfatizó el especialista, instando a la creación de políticas públicas que promuevan y monitoreen las herramientas de manejo ya existentes.
Una de las estrategias fundamentales es el «refugio», que consiste en destinar un 10% de la superficie cultivada con maíz a variedades sin tecnología Vip. El objetivo es mantener poblaciones de la plaga susceptibles, lo que retrasa la evolución de la resistencia. Sin embargo, Omoto advirtió que en Brasil esta práctica es solo una recomendación, no una obligación, y su baja adopción ha intensificado la presión de selección sobre el gusano cogollero. En Argentina, la situación no es mejor: durante la campaña 2024/25, apenas el 19% de los productores implementó esta herramienta vital.
Los expertos, que participaron en el Congreso de AAPRESID 2026, subrayaron la importancia de un enfoque regionalizado para Argentina. Estudios reproductivos han revelado diferencias significativas entre las poblaciones de Spodoptera del norte del país y las de la zona núcleo o pampeana, lo que exige estrategias de manejo diferenciadas. «Las tácticas deben ser de ámbito regional; necesitamos un trabajo conjunto entre consultores, empresas y productores, idealmente con el respaldo de una legislación que ordene la práctica», afirmó Omoto.
Gabriela Murúa, quien validó información clave sobre el impacto de la plaga y su resistencia en octubre de 2025, alertó que «Argentina no parece estar tan preparada como Brasil en el manejo integrado de plagas y el uso de tecnologías Bt». Un monitoreo exhaustivo en 62 localidades del país también detectó un «costo adaptativo»: las larvas resistentes tienen un ciclo de vida más largo que las susceptibles, incluso sin alimentarse de maíz Bt. Ante este panorama, los especialistas urgen a una mayor articulación entre todos los actores del sector para evitar que la resistencia acorte la vida útil de una tecnología esencial para la producción maicera argentina.
Fuente original: Infobae



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