El camino del Gobierno Nacional en el Senado se mostró más espinoso de lo esperado esta semana, con importantes reveses para la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La iniciativa, que buscaba flexibilizar normativas sobre la tenencia de tierras, sufrió un desguace considerable, obligando al oficialismo a retirar capítulos clave como la venta a extranjeros y la modificación de la Ley del Manejo del Fuego.
La falta de consenso entre los bloques aliados precipitó la caída de estas secciones, que generaban fuerte resistencia en sectores ambientalistas y la opinión pública, preocupados por una posible “extranjerización de la tierra” y el riesgo de incendios intencionales. Finalmente, solo se lograron aprobar con una ajustada mayoría aspectos relacionados con la aceleración de plazos judiciales para desalojos por usurpación y la imposición de restricciones a las expropiaciones estatales.
Más allá de los tropiezos legislativos, la semana expuso una evidente crisis en la estrategia comunicacional del Ejecutivo. El presidente Javier Milei, en gira y enfocado en un liderazgo regional, pareció perder el control de su narrativa, mientras que sus funcionarios protagonizaron derrapes verbales. El Canciller Pablo Quirno generó controversia al considerar la soberanía como un “discurso anticuado” y al admitir la posibilidad de que extranjeros compraran provincias enteras. Por su parte, el ministro de Economía, Luis Caputo, calificó de “tarados” a quienes critican su modelo económico, provocando una elegante pero firme respuesta de la Unión Industrial Argentina (UIA).
Otro frente de conflicto surgió con el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, cuya propuesta para flexibilizar las condiciones de trabajo de los prácticos de navegación terminó en un fracaso rotundo. Un paro de actividades y un lock-out patronal paralizaron las vías navegables, generando pérdidas millonarias y forzando al Gobierno a dar marcha atrás con el decreto. Este episodio no solo evidenció las dificultades para aplicar desregulaciones extremas, sino que también puso en relieve fricciones internas entre el impulso reformista de Sturzenegger y los objetivos de reelección que persigue el sector encabezado por Karina Milei.
La virulencia discursiva que caracterizó al Gobierno en sus inicios parece perder efectividad. Expertos señalan que la “cultura dopamínica” de la era digital, donde la ciudadanía busca resultados rápidos y cambia de preferencias con agilidad, ya no tolera la confrontación constante. En este contexto de fatiga emocional y búsqueda de soluciones concretas, el oficialismo enfrenta el desafío de adaptar su mensaje y su gestión si quiere evitar que la sociedad “scrollee” gobiernos con la misma impaciencia con la que consume contenidos digitales.
Fuente original: Infobae

